LA CEREMONIA DEL ADIÓS - Simone de Beauvoir

Libia Brenda Castro -

UBICACIÓN BIOGRÁFICA 

Simone Lucie-Ernestine-Marie-Bertrand de Beauvoir nació en una familia burguesa y vivió las dos guerras mundiales. Pensadora, filósofa, narradora, ensayista y editora, Simone de Beauvoir fue una de las escritoras más importantes de mediados del siglo xx. 

Vivió toda su vida en París, más o menos en los mismos barrios, y llevó siempre una sólida rutina de trabajo. Aunque en su familia la formaron como católica (incluso pensó, en la primera adolescencia, volverse monja), después de una crisis de fe se convirtió en atea convencida y permaneció como tal toda su vida. Desde niña fue brillante: a los veintiún años fue la estudiante más joven (mujer u hombre) en aprobar el equivalente del grado universitario en filosofía, para matricularse después como la profesora más joven de Francia en esa disciplina. 

Desde siempre, su sueño fue vivir como intelectual (un término que no tenía el matiz peyorativo que ahora se le imprime). Ser una intelectual era poder ejercer el oficio de escritora y usar todo su tiempo para estudiar, leer y escribir; en resumen, por redundante que parezca, dedicarse a actividades relacionadas con el intelecto. Fue por eso que tomó la decisión de no convertirse en la esposa de nadie ni tener hijos, con el fin de lograr ese objetivo. De hecho, a partir de cierto punto, después de que dejó de dar clases, se mantuvo de lo que escribía (la dote que su familia hubiera podido otorgarle se perdió en la Primera Guerra Mundial). 

Desde cualquier óptica, Simone de Beauvoir fue una mujer atípica, muy adelantada a su tiempo y con un pensamiento sólido, que vivió una vida coherente con sus ideales. 



UBICACIÓN BIBLIOGRÁFICA 

En una entrevista de 1965, le preguntan a Simone de Beauvoir cómo se situaba en relación con sus contemporáneos. Su res- puesta demuestra su increíble lucidez: 

No sé. ¿Qué es lo que se evalúa? ¿El ruido, el silencio, la posteridad, el número de lectores, la ausencia de lectores, la importancia en cierto momento? Creo que la gente me va a leer por un tiempo, al menos es lo que me dicen mis lectoras. En algo he contribuido a la discusión sobre los problemas de las mujeres, lo sé por las cartas que recibo. En cuanto a la calidad literaria de mi trabajo, en el sentido estricto de la palabra, no tengo la mínima idea

En 1949 Simone de Beauvoir publica El segundo sexo (Le deuxième sexe), casi dos décadas antes de los movimientos del 68. Este ensayo es uno de los libros fundacionales del feminismo e impulsó el desarrollo de esta corriente en la segunda mitad del siglo xx. En él analiza la situación de las mujeres desde varios puntos de vista: antropológico, sociológico, psicológico, histórico y literario. Hasta la fecha es un libro de referencia necesaria y plantea cuestiones que siguen sin resolverse aún, en el siglo XXI. Sin ir más lejos, en México la situación de desigualdad en detrimento de las mujeres es tan grave que ha sido necesario declarar la alerta de género en varios lugares del país. Si uno piensa en la distancia que hay, por ejemplo, entre la moda de 1949 y la de ahora, se notan los cambios en el estilo de vestir; pero si tratamos de establecer las diferencias entre las condiciones de trabajo, domésticas y de roles que vivían las mujeres en ese mismo año y las que vivimos ahora, el panorama resulta sorprendente y desalentador: en general, la situación de fondo no ha cambiado tanto. 


1 “I don’t know. What is it that one evaluates? The noise, the silence, posterity, the number of readers, the absence of readers, the importance at a given time? I think that people will read me for some time. At least, that’s what my readers tell me. I’ve contributed something to the discussion of women’s problems. I know I have from the letters I receive. As for the lite- rary quality of my work, in the strict sense of the word, I haven’t the sligh- test idea”,(The Paris Review, núm. 34, primavera-verano, 1965). 


Importa mencionar esto porque es uno de los aspectos que contribuyen a que El segundo sexo siga vigente, y su lectura sea útil e incluso necesaria. Uno de los planteamientos de este libro es que la condición de una mujer no está dictada de antemano ni se da por factores aleatorios (como podría ser el factor biológico) —por eso dice que “no se nace mujer, llega una a serlo”—, a través de prácticas, enseñanzas, construcciones, mitos, restricciones y una serie de factores sociales, familiares e ideológicos. De hecho, este ensayo no sólo es importante para el movimiento feminista: es un documento fundamental en el pensamiento contemporáneo, además de que se considera la máxima obra de la autora. Cuando se editó por primera vez fue un éxito de ventas y lo leyó un público muy amplio, aunque también fue criticado con dureza; de he- cho fue vetado por el Vaticano, que lo incluyó en su índice de libros prohibidos, Index librorvm prohibitorvm. 

Cuando Simone de Beauvoir era todavía estudiante (a finales de los años veinte, principios de los treinta) convivió con varios de los que luego serían lo más importantes intelectuales franceses del siglo XX. Sin ir más lejos, René Maheu, quien le presentó a Sartre, le puso el apodo que la acompaña- ría toda su vida: Castor. Maheu se valió del parecido entre Beauvoir y beaver (la palabra inglesa para castor) y de que Simone llevaba una vida industriosa y era muy sociable, tal como los castores. Este apelativo se convertiría eventualmente en el cariñoso apodo que Sartre adoptaría para ella. 

Como parte de la corriente filosófica existencialista, convivió con varios de sus autores más representativos. A lo largo de su vida, Simone fue amiga, por ejemplo, de Albert Camus y de Jean Genet; incluso fue compañera en la Sorbona de Claude Lévi-Strauss. Durante cincuenta años Jean-Paul Sartre fue su pareja; ambos leían y comentaban sus textos mutuamente. Al final de la vida de Sartre, cuando éste ya no era ca- paz de escribir porque estaba al borde de la ceguera, Simone escribió varios de los textos que él firmaba. Ambos mantuvieron una relación amorosa que sigue llamando la atención de la crítica y la historia literaria. Es una gran paradoja que la autora de uno de los libros que forman parte del canon feminista sea referida con mucha frecuencia como “la pareja de Sartre”, cuando ella se ganó el lugar que tiene en la literatura y el pensamiento por sus propios méritos. 

Además de ensayos, como el que se menciona arriba, escribió varias novelas: La invitada (1943), La sangre de los otros (1945), Todos los hombres son mortales (1946) y Los mandarines (1954); novelas breves (o cuentos, según una clasificación distinta) como La mujer rota (1967); teatro y varios volúmenes autobiográficos, que empiezan con Memorias de una joven formal (1958) y que, de modo tangencial, incluyen el presente volumen, publicado a la muerte de Sartre, donde la autora habla sobre la enfermedad del filósofo y sus últimos años. Fue parte del grupo que fundó en 1945 la revista Tiempos modernos (Les Temps Modernes), una publicación de filiación izquierdista que se volvería importantísima, y que publicaba contenido literario, filosófico y político; Simone colaboró en la revista como escritora y editora durante toda su vida. 



DATOS CURIOSOS 

Simone nunca quiso casarse ni tener hijos, siempre dijo que prefería dedicarse por entero a la literatura. Para la época en que vivió (y aún ahora, ochenta años después), su postura era realmente revolucionaria. Vivía a unas cuadras de la casa de Sartre, se veían diario y formaron una pareja sólida y muy unida, con todos los altibajos que cincuenta años pueden acarrear en una relación. 

Ésta no se adecuaba a ningún molde canónico. No sólo no se casaron ni vivieron juntos, por decisión de la propia Simone y porque ella misma reconocía en Sartre una especie de incapacidad para la monogamia, sino que tenían un pacto, propuesto por Sartre, basado en la libertad y la honestidad total: cada uno sería para el otro el “amor esencial”, pero cada uno podría tener también “amores contingentes” con otras personas. Ello implicaba que siempre serían pasajeros (aunque duraran años) y de menor importancia. Se trataba de una relación abierta: ambos compartieron amoríos con algunas jovencitas, en especial Sartre, que mantuvo toda su vida la costumbre de seducir mujeres cada vez más jóvenes. También Simone mantuvo relaciones con otros amigos suyos, como su romance con el escritor estadounidense Nelson Algren (aunque este amorío se llevó a cabo mayormente vía cartas intercontinentales). Incluso hay quienes critican con ferocidad el hecho de que Simone intercediera en favor de Sartre (se dice que a veces lo ayudaba a conquistar chicas). 

En resumen, estos dos escritores no establecieron una relación monógama ni tradicional, sobre todo porque ninguno quería reproducir las costumbres más rancias de la burguesía francesa en ningún ámbito de su vida. Es más, en estos tiempos, a los dos se les adjudicaría la etiqueta de poliamorosos, pero su fidelidad tenía otra forma de manifestarse y se cimentaba en el cariño, no en una situación social determinada. 



DISCUSIÓN DE LA OBRA 

En este libro Simone de Beauvoir hace gala de mesura, su prosa limpia nos cuenta lo que pasa sin florituras y sin demasiados calificativos; lo cual responde a un afán de claridad que se podría llamar quirúrgico. Evita utilizar un tono tremendista o sentimental, pero no elude hablar del dolor o del costo emocional de los acontecimientos; de hecho, nos cuenta las veces que llora o que siente miedo por Sartre: enuncia los sucesos, anota sus dudas y sus preocupaciones con el afán de registrar los hechos, no de dramatizarlos. Asistimos así al creciente decaimiento físico de un hombre que fue una verdadera luminaria. Los lectores, a través de los ojos de quienes se asombran y se entristecen cuando lo ven maltrecho, miramos cómo la vejez y la enfermedad hacen mella en la lucidez de Sartre. Simone lamenta que su querido Jean-Paul ya no sea capaz de leer por sí mismo, en especial porque gran parte de su trabajo depende de la lectura silenciosa, un proceso cognitivo insustituible para el escritor. Cuando tiene lugar la disputa entre Simone y Pierre Victor (Benny Lévy), ella sabe que parte del problema es la distancia que existe ahora entre Sartre y su propio pensamiento, porque el puente que materializaba la lengua escrita entre él y su voz está roto. De cierta manera, la autora nos dice que el mismo Sartre sabe que no le es posible trabajar igual que antes, pero ya no se preocupa tanto por el resultado de su trabajo. 

El resquebrajamiento paulatino que acosa a Sartre durante los últimos diez años de su vida no es fácil de ver, aun a través de la narración. De Beauvoir aplica el recurso de contar todo con distancia periodística y eso nos enfrenta con los hechos de una manera ineludible, casi brutal. Sartre aparece como el personaje de una historia cuyo final conocemos, pero leemos porque queremos saber el camino que recorrió para llegar allí. Y así, mientras desciframos las referencias sobre facciones políticas, personajes de izquierda y momentos históricos, vamos también reconstruyendo la debacle de un personaje que se transforma de genio literario y filosófico en anciano. Por supuesto que para Simone y la gente cercana, ese tránsito debió de ser muy difícil, en especial porque no se podía prever que alguien a quien se le considera un gigante pueda convertirse en un enfermo, por mucho que sepamos que envejecer es desgastarse. Aunque hayamos asistido a la muerte de alguien cercano, nunca estamos del todo preparados para la pérdida de la lucidez, la destreza y la vitalidad. 

En contraste con la salud menguante de Sartre, Simone nos presenta el sinfín de actividades que él realizaba, en especial las relativas a las causas políticas y sociales que apoyaba: se sumaba a protestas, firmaba peticiones, asistía a reuniones, daba conferencias. También seguía publicando artículos y pronunciamientos, no sólo en Tiempos Modernos, sino en varias revistas, además de que se mantenía al tanto de lo que se escribía sobre él y de la continua popularidad entre los lectores de sus libros. Es decir, nunca se detuvo por completo ni abandonó sus actividades, aun cuando le fue más difícil trabajar. Al contrario: Sartre pensaba que la función de un intelectual no termina, un escritor no tiene fecha de jubilación ni pensión para el retiro; sin embargo con la pérdida de la vista, de la movilidad, de las destrezas físicas y (lo peor para un pensador) mentales, el filósofo también disminuyó su interés y en ciertos momentos se resignó a no continuar su obra, sobre todo gracias a la certeza de que su trabajo de las décadas anteriores quedaría en el mundo para representarlo. 


El libro que nos ocupa no es de ficción; tampoco es un ensayo ni una crónica; es un libro que combina el testimonio con las memorias y notas de diario; al mismo tiempo es el resultado de la edición que hace la propia Simone de su registro escrito acerca de la última década en la vida de Sartre. El filósofo murió en abril de 1980 -es decir que tenía casi 75 años- y ambos habían sido pareja durante medio siglo. Sin embargo, conviene detenerse en un asunto que sigue siendo motivo de polémica y de comentarios en artículos que van del morbo al afán de revelar “la verdad” sobre la vida amorosa (es decir, lo que se considera la vida privada de cualquiera) de estos dos personajes. 

De Beauvoir afirma al inicio del libro que en 1970 Sartre estaba a gusto con la rutina que llevaba y con el departamento en que él vivía. Luego enumera: “veía regularmente a sus antiguas amigas, Wanda Kosakiewicz y Michelle Vian, y a su hija adoptiva, Arlette Elkaïm [Sartre]”. A lo largo del libro, de he- cho, se mencionan los nombres de varias amigas de Sartre, casi todas relaciones de varios años (en 1970 Sartre ya tenía 65 años). Por ejemplo, Simone, Jean-Paul conocieron a Michelle Vian cuando era la primera esposa de Boris Vian (quien moriría en 1959). Ahora bien, cuando la autora escribe “amigas” se refiere explícitamente a mujeres que han sido amantes de Sartre o, cuando menos, a mujeres con las que éste mantuvo un romance, como Wanda Kosakiewicz, hermana de Olga Kosakiewicz, una alumna de Simone de Beauvoir con la cual tuvo un amorío y que despertó un vivo interés en Sartre, aunque resultó que Sartre a ella no le interesaba, así que él se dedicó después a conquistar a su hermana Wanda. Por su parte, Olga se casó con Jacques-Laurent Bost, quien en algún momento fue amante de Simone de Beauvoir. Con respecto a Arlette Elkaïm, antes de ser la hija adoptiva de Sartre, fue también una de sus conquistas. Olga y Bost convivieron con Simone y Jean-Paul (quienes convivían, a su vez, con otras varias personas) de manera tan cercana que, en un punto, Sartre decidió que todos eran parte de una misma familia. No está claro si esta etiqueta conlleva o no cierta ironía, pero es fácil creer que sí. Todo esto, además, empezó a suceder mucho antes de la famosa revolución sexual de los años sesenta, y dos de los rasgos más singulares de esta especie de matrimonio al revés (entre varias personas que no siempre eran las mismas y sin de- mandas de exclusividad) son: uno, que la mayoría de esas relaciones duraron décadas, independientemente de los altibajos y del número de miembros que formaran “la familia”; dos, que Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre siempre se contaban absolutamente todos los detalles, de lo que da cuenta su abundante correspondencia y, no está de más decirlo, si por carta intercambiaban opiniones sobre sus amantes en turno, es fácil deducir que en persona debían también discutir sus affaires. 

¿Por qué todos estos datos de quién durmió con quién tienen importancia para La ceremonia del adiós? Porque sien- tan el marco de referencia en el que se desarrolla el relato de la última década del existencialista más famoso del siglo. Para la gente biempensante y que sigue los lineamientos de la moral burguesa, el matrimonio es la base de la familia y la familia es la base de la sociedad, así que sin matrimonio no hay familia y, por lo tanto, no hay nada. Quienes no quieren tener hijos son vistos desde tal perspectiva como personas que hacen mal; a menudo se les pregunta quién se va a ocupar de ellos en la vejez y se les califica de egoístas. A quienes no se casan ni viven una vida de pareja son tachados de ermitaños, solitarios, solterones, quedados, y se les asocia con la amargura, en el mejor de los casos, o con un libertinaje rampante, en el peor (según un punto de vista tradicional). También se asocia la idea de una relación abierta con la juventud, y se cree que en la vejez uno debe ser más moderado, más discreto, por no hablar de que debe tener menos interés en lo sexual. La moral burguesa sentencia que una vida sin las reglas que marca la sociedad (la misma que quiere perpetuar) se va a ir al garete, va a terminar mal... Es difícil saber, sin embargo, qué quiere decir “acabar mal”, porque los problemas que tuvo Sartre al final de su vida, en relación con la gente que estaba cerca de él, son muy parecidos, si no es que los mismos, a los de la gente que tuvo hijos, se casó y permaneció cerca de su familia oficial. 

¿Cuál fue el resultado de todos esos años en los que hubo drama, sexo casual, poligamia, cientos de cartas, viajes a Grecia e Italia, pleitos entre amantes, pleitos entre amigos, separaciones, matrimonios y emparejamientos varios? El mismo que hay en cualquier familia, la gente que quería a Sartre y a Simone se quedó con ellos, incluso si no se llevaban bien entre sí. Sartre pasó los últimos años de su vida en convivencia muy cercana con Simone de Beauvoir, con Sylvie (hija adoptiva de ella), con Arlette (su propia hija adoptiva) y, como se ve a lo largo del libro, con otros amigos próximos. Desde que ambos eran muy jóvenes se propusieron llevar una vida fuera del marco social, construyeron esa vida y la llevaron a cabo, contra todo pronóstico —según dicen algunos, a costa de la gente involucrada, aunque sabía que estaba entrando en un juego complejo—. Si algo está claro es que salir del molde y practicar una dinámica no avalada por la mayoría tiene costos altos y no todos tienen las ganas ni la energía para pagarlos. 

Sin embargo, la vida de esta pareja nos muestra que ambos lograron sostener ese esquema a contrapelo de la sociedad, de quienes no estaban de acuerdo con ellos e incluso a costa de sí mismos y de gente cercana. Después de todo, hay muchísima más gente que se casa, que tiene hijos, que sigue las reglas y que no sostiene una relación de cincuenta años. Eso no quiere decir que la respuesta sea romper esquemas sin razón y cambiar un modelo (tradicional) por otro (rebelde), pero sí puede concluirse que hay más de un modelo y que no a toda la gente le funcionan las mismas reglas, aunque en un vistazo superficial parezca que es así. 




PREGUNTAS 

¿En qué se basaba el vínculo entre Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre en los años que narra este libro? 

¿Hay alguna relación entre la ideología política de Sartre y su modo de vida empeñado en no seguir las reglas que consideraba burguesas y, por lo tanto, rancias? 

Según las notas de la autora, ¿cómo era la relación de Sartre con otras mujeres en esos últimos años?
° ¿Eran todas esas relaciones iguales entre sí?
° ¿Eran relaciones parecidas a la que tenía con ella? 

¿Cuál era la opinión de Sartre sobre su propio trabajo? 

¿Veía igual su obra de treinta o cuarenta años antes que su obra más reciente? 

¿Qué obra ya no pudo terminar Sartre, porque sabía que
su estado de salud no se lo iba a permitir? 

Más allá de la evidente presencia en su vida personal, ¿qué papel jugaba Simone de Beauvoir en el trabajo de Sartre? 

¿Qué dice la autora sobre la vejez y la curiosidad y cómo aplica esa idea a Sartre?

En 1977 Sartre dio una conferencia en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Atenas, titulada “¿Qué es la filosofía?”, y Simone relata que Pierre Victor calificó la conferencia de “fácil”. ¿Existe una relación entre la salud de Sartre en ese momento y la posible superficialidad de la conferencia?
° Si Sartre ya no escribía lo que iba a exponer, ¿es posible que ese cambio en el proceso haya hecho mella en el resultado? 

¿Qué parte del decaimiento físico le resultaba más difícil de admitir a Sartre?
° ¿Y a Simone, qué parte le resultaba más dolorosa de atestiguar? 

De toda la gente con la que ambos tenían un trato cotidiano, ¿con quiénes parecían tener más familiaridad? 

¿Qué podemos saber de la autora cuando habla de Sartre, aunque no hable de sí misma? 

¿Cómo resolvía ella los conflictos más inmediatos en relación con Sartre? 

¿Qué parecía ocupar más su tiempo, su trabajo individual o su trabajo en relación con Sartre?
° Y su trabajo en la revista ¿qué peso tuvo en su vida cotidiana? 

¿Cómo se plantea, a través de estas mismas notas, la vejez de la propia Simone? Ya sea que lo plantee ella o no de manera directa, ¿qué podemos leer al respecto? 

¿Cuál era la actitud de Sartre ante su pérdida de salud? ¿Por qué no dejó de beber?.
° ¿Responde el texto a esta interrogante? 

¿En qué momento es evidente que Sartre ya no se va a recuperar? 

¿Le preocupaba a Simone la muerte de Sartre?
° ¿Y a él, le preocupaba su propia muerte? 

Es muy difícil ser testigo de la decadencia de un ser querido, sobre todo si es una persona cuyo trabajo es tan im- portante. ¿Qué dice Simone sobre las temporadas que pasaban separados ella y Sartre? 

¿Cuáles son las implicaciones de la última aseveración de la autora: “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos unirá. Así es: ya fue hermoso que nuestras vidas hayan podido estar de acuerdo durante tanto tiempo”? 



CONCLUSIONES 

Las conversaciones que vienen después de La ceremonia del adiós, grabaciones que hizo Simone de Beauvoir en una suerte de charla-entrevista con Sartre, apuntalan la lectura de la primera parte del libro. Es un material sorprendente porque están conversando, admitámoslo, dos leyendas cuya vida personal ha resultado tan fascinante como su trabajo literario, filosófico y político. Pero es sorprendente también porque precisamente esas dos leyendas nos permiten asistir, aunque sea a través de una muestra sesgada, a ciertos aspectos de su vida cotidiana y de su relación. Por ejemplo, cuando Sartre le cuenta que cantaba en la misa o cuando hablan de pintura y ella anota sus mutuos intereses y cómo cada uno generó en el otro el interés por unos u otros pintores. 

Es evidente que el registro de una sola persona (la autora, en este caso) de los hechos que atañen a varios actores nunca va a coincidir en todo con las versiones de otros. Es también evidente que en pocas páginas no está el material entero de los diarios, y posiblemente no están todas las notas que De Beauvoir tomó acerca de su pareja sentimental, y en el breve texto que precede a las conversaciones ella misma dice: “He suprimido las conversaciones que me han parecido sin interés”, lo que implica que ha dejado fuera (quizá también de sus diarios y sus testimonios personales) material que a ella no le interesaba compartir con el mundo, por las razones que fueran. Es importante tomar esto en cuenta a la hora de leer cualquier testimonio personal, porque hay críticos y escritores que la acusan de ocultar la verdad. Se han publicado sus diarios, sus epistolarios y se han escrito varios libros que abordan no sólo la obra sino la vida de la autora. Todo ese material sin duda le será útil a quien quiera investigar a fondo su vida (y también la de Sartre); sin embargo, la idea de escribir para desmentir lo que alguien ha declarado en primera persona (alguien que también escribía ficción), lleva cierto afán de sensacionalismo, hay un mensaje implícito que dice “yo sé mejor que tú lo que viviste” o, cuando menos, “mi opinión cuenta más que la tuya”. 

Es complicado concluir si ella tenía toda la razón o no, si mintió a priori o sencillamente dejó fuera lo que le parecía menos interesante. Uno de tantos lugares comunes dice que lo más fácil es mentirse a uno mismo, pero a veces también esa es una manera de lidiar con algunos hechos, en especial si son difíciles o dolorosos. Después de todo, por muy objetivo que sea el punto de vista de alguien, no deja de ser el producto de una interpretación personal y, por lo tanto, incompleta. 



RECURSOS 

Hay una película (mala como narrativa cinematográfica) que aborda la relación sentimental entre De Beauvoir y Sartre: Les amants du Flore (Los amantes del café Flore). Se puede ver en YouTube con subtítulos en español. Disponible en:

Un artículo sobre las relaciones amorosas de Simone de Beauvoir que fueron complejas y no siempre fáciles: Best, Victoria, Simone de Beauvoir: The Courage to Love Differently (en inglés). Disponible en:

Al parecer no era frecuente que Simone de Beauvoir concediera entrevistas y en línea no hay tantos documentos audiovisuales como podría pensarse. Por eso es más significativa esta entrevista que le hicieron en 1975 en la televisión, donde habla de su postura feminista, de sus planteamientos en El segundo sexo y de la importancia social de la liberación de las mujeres del yugo patriarcal. Es un documento valiosísimo, sobre todo porque en menos de una hora a uno le queda claro el altísimo nivel intelectual de esta escritora y su esquema de pensamiento. Simone de Beauvoir Explains “Why I’m a Feminist” in a Rare TV Interview (1975), audio en francés y subtítulos en inglés: Disponible en:

En The Paris Review viene una entrevista en inglés, sobre todo a propósito de su trabajo como escritora: The Paris Review, núm. 34, primavera-verano, 1965. Disponible en:

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