LA INVITADA - Simone De Beauvoir

Libia Brenda Castro -

UBICACIÓN BIOGRÁFICA 

Simone Lucie-Ernestine-Marie-Bertrand de Beauvoir nació en una familia burguesa y vivió las dos guerras mundiales. Pensadora, filósofa, narradora, ensayista y editora, Simone de Beauvoir fue una de las escritoras más importante de mediados del siglo xx. 

Vivió toda su vida en París, más o menos en los mismos barrios, y llevó siempre una vida tan ordenada como la de la protagonista de la novela que nos ocupa. Aunque en su familia la formaron como católica (incluso pensó, en la primera adolescencia, en volverse monja), después de una crisis de fe se convirtió en una atea convencida y permaneció como tal toda su vida. Desde niña fue brillante y a los veintiún años se convirtió en la estudiante más joven (mujer u hombre) en aprobar el equivalente del grado universitario en filosofía y luego se convirtió en la maestra de filosofía más joven de Francia. 

Desde siempre su sueño fue convertirse en una intelectual, término que no tenía el sentido peyorativo de ahora. Ser una intelectual era poder ejercer el oficio de escritora y dedicar su vida a estudiar, leer, escribir y demás actividades relacionadas con el intelecto. Fue por eso que tomó la decisión de no convertirse en la esposa de nadie y de no tener hijos, para dedicar su tiempo a lograr su objetivo. De hecho, a partir de cierto punto, después de que ya no pudo dar clases, se mantuvo de lo que escribía (la dote que su familia hubiera podido otorgarle, se perdió en la Primera Guerra Mundial). 

Desde cualquier óptica, Simone de Beauvoir era una mujer atípica, muy adelantada a su tiempo y con un pensamiento sólido que vivió una vida coherente con sus ideas y con sus ideales. 



UBICACIÓN BIBLIOGRÁFICA 

En una entrevista que le hicieron en 1965 para The Paris Review, le preguntan cómo se sitúa en relación con sus contemporáneos; su brillante respuesta demuestra su increíble lucidez: 

No sé. ¿Qué es lo que se evalúa?, ¿el ruido, el silencio, la posteridad, el número de lectores, la ausencia de lectores, la importancia en cierto momento? Creo que la gente me va a leer por un tiempo, al menos es lo que me dicen mis lectoras. En algo he contribuido a la discusión sobre los problemas de las mujeres, lo sé por las cartas que recibo. En cuanto a la calidad literaria de mi trabajo, en el sentido estricto de la palabra, no tengo la más mínima idea.*
[ver enlace en la sección de Recursos] 

En 1949 Simone de Beauvoir publica El segundo sexo (Le Deuxième Sexe), casi dos décadas antes de los movimientos del 68 en Francia, este ensayo es uno de los libros fundacionales para el feminismo (hay muchos feminismos, pero en este caso se menciona como ideología en general, no como un caso en particular); además de que se considera uno de los puntos de partida para esta corriente de pensamiento de la segunda mitad del siglo xx. Analiza la situación de las mujeres desde varios puntos de vista: antropológico, sociológico, psicológico, histórico y literario. Hasta la fecha, es un libro de referencia necesaria y plantea cuestiones que siguen sin resolverse, aun ya entra- dos en el siglo xxi. Sin ir más lejos, en México la situación de des- igualdad en detrimento de las mujeres es tan grave, que es necesario declarar la alerta de género en varios lugares del país. Si uno piensa en la distancia que hay, por ejemplo, entre la moda de 1949 y la de ahora, se notan los cambios en el estilo de vestir; pero si tratamos de ver la distancia entre las condiciones de trabajo, domésticas y de roles que vivían las mujeres en ese mismo año y las que vivimos ahora, el panorama resulta sorprendente (y desalentador): en general la situación de fondo no ha cambiado tanto. Es importante mencionar esto, porque es uno de los aspectos que contribuyen a que la lectura de un libro como El segundo sexo siga vigente, sea útil y acaso necesaria. Uno de los planteamientos de este libro es que la condición de una mujer no está dictada de antemano ni se da por factores aleatorios (como podría ser el factor biológico), por eso dice que “no se nace mujer, llega una a serlo”, a través de prácticas, enseñanzas, construcciones, mitos, restricciones y una serie de factores sociales, familiares y aún ideológicos. De hecho, este ensayo no es sólo importante para el movimiento feminista, es un documento fundamental en el pensamiento contemporáneo y, además, se considera la máxima obra de la autora. Cuando salió, el libro fue leído por un público muy amplio y también muy criticado; “curiosamente” fue vetado por el Vaticano, que lo incluyó en su índice de libros prohibidos, Index librorvm prohibitorvm. 


* “I don’t know. What is it that one evaluates? The noise, the silence, posterity, the number of readers, the absence of readers, the importance at a given time? I think that people will read me for some time. At least, that’s what my readers tell me. I’ve contrib- uted something to the discussion of women’s problems. I know I have from the letters I receive. As for the literary quality of my work, in the strict sense of the word, I haven’t the slightest idea”. The Paris Review, Spring-Summer issue, No. 34, 1965. 

Nota divertida: cuando Simone de Beauvoir era estudiante (a finales de los 20, principios de los 30) convivió con varios de los que luego serían lo más importantes filósofos franceses del siglo xx. Sin ir más lejos, René Maheu, que fue quien le presentó a Sartre, le puso el apodo que la acompañaría toda su vida: Castor. Maheu dijo que la palabra Beauvoir se parecía a beaver (la palabra inglesa para castor) y que, en cualquier caso, Simone llevaba una vida industriosa y era muy sociable, como los castores. 

Como parte de la corriente filosófica existencialista, convivió con varios de sus autores más representativos; a lo largo de su vida fue amiga, por ejemplo, de Albert Camus y de Jean Genet; también fue compañera en la Sorbona de Claude Lévi-Strauss. Durante cincuenta años Jean-Paul Sartre fue su pareja y ambos leían y comentaban sus textos mutuamente. Vivían, pues, una atípica relación de libertad e igualdad, que sigue llamando la atención de la crítica y la historia literaria. Es una gran paradoja que la autora de uno de los libros que forman parte del canon feminista sea mencionada con mucha frecuencia como la pareja de un señor, cuando se ganó el lugar que tiene en la literatura y el pensamiento por sus propios méritos. (Se puede hacer el ejercicio de buscar en Google el nombre de ambos y ver en sus biografías a qué altura aparece el nombre del otro; en el sitio del Premio Nobel, ni siquiera se menciona a Simone de Beauvoir en relación con Sartre; mientras que en la entrada en francés de Wikipedia, el nombre de Sartre está en la quinta línea de texto.) 

Además de ensayos, como el que se menciona arriba, escribió varias novelas como La sangre de los otros (1945), Todos los hombres son mortales (1946) o Los mandarines (1954); novelas breves (o cuentos, según una distinta clasificación) como La mujer rota (1967); teatro y varios volúmenes autobiográficos, que empiezan con Memorias de una joven formal (1958) y que, de modo tangencial, incluyen un libro como La ceremonia del adiós (1981), donde la autora habla sobre Sartre y su enfermedad. Fue parte del grupo que fundó, en 1945, la revista Tiempos modernos (Les Temps Modernes) una publicación importantísima, de filiación izquierdista y que publicaba contenido literario, filosófico y textos políticos; Simone colaboró con la revista como escritora y editora durante toda su vida. 



DATOS CURIOSOS 

Simone nunca quiso casarse ni tener hijos y nunca lo hizo, tenía muy claro que prefería dedicarse a la literatura y lo expresaba de ese modo; para la época en que vivió (y aún ahora, ochenta años después), su postura era realmente revolucionaria. Vivía a unas cuadras de la casa de Sartre, se veían diario y, desde 1929, formaron una pareja sólida y muy unida. Pero esa unión no llenaba el molde canónico, no sólo no se casaron nunca, ni vivieron juntos, por decisión de la propia Simone, sino que eran una pareja que ahora se denominaría abierta: ambos compartían romances con algunas jovencitas y Simone mantuvo relaciones con otros amigos suyos; aunque no estaban en una relación monógama tradicional (en estos tiempos a los dos les colgarían la etiqueta de poliamorosos), su fidelidad, como la de Francisca y Pedro, radicaba en el cariño y no en una situación social determinada; ninguno de los dos parece haber mantenido sobre el otro un sentido de pertenencia excluyente ni de posesión. De hecho, de Beauvoir fue acusada de seducir a sus alumnas y, después de una acusación formal, fue destituida como maestra del Liceo. 

En La invitada hay una descripción minuciosa de la relación entre la protagonista, una escritora en sus treinta; su pareja sentimental, un escritor y actor de teatro, más o menos de la misma edad; y una joven provinciana a la que adoptan como protegida y que luego será el tercer vértice de un triángulo amoroso aunque casto. Más allá de la construcción novelesca, que la autora lleva con mucha soltura, se supone que la historia se basa en la relación que tuvieron Simone y su pareja con dos jovencitas que eran hermanas; la novela, de hecho, está dedicada a una de ellas, Olga Kosakievics, quien habría servido como base para crear el personaje de Javiera (Xavière, en el original. Es mucho más bonito leer los nombres originales en francés; las traducciones de los nombres parecen un poco falsas, porque Francisca o Javiera no se leen como nombres familiares ni comunes, o en el caso de Pedro, son nombres demasiado pedestres, que parecieran no encajar en esa bohemia parisina de fines de los años treinta). Es evidente, sin embargo, que más allá de los hechos con la etiqueta de rea- les en los que se basa la obra, lo importante es el artificio novelesco que lleva a cabo la autora. 

Es curioso también que en La invitada haya ciertas referencias familiares. Se hace siempre un paralelismo entre la propia Simone y la protagonista, Françoise; sin embargo, no se evidencia el hecho de que justamente ese era el nombre de su madre. Y resulta que su padre, George, tenía una enorme inclinación por el teatro e incluso, en su juventud, había soñado con ser actor: precisamente la profesión de Pierre, la pareja de Françoise. 



DISCUSIÓN DE LA OBRA 

Lo primero que vemos en la novela es la noche quieta, Francisca (Françoise) y Gerbert trabajan en una obra de teatro, beben vino y whisky, hablan, duermen cerca pero no hay ningún avance romántico entre ellos y, en la mañana, Francisca va por Pedro (Pierre) a la estación de tren. Cuando la novela termina es también de noche, pero en lugar del acto vital de trabajar, conversar o incluso dar una caminata como la que emprende la protagonista por el teatro, asistimos a una decisión fatal: Francisca opta por deshacerse de Javiera de la única forma total, es decir, decide matarla: “De pronto, una gran paz se extendió sobre Francisca. El tiempo acababa de detenerse. Francisca estaba sola en un cielo helado. Era una soledad tan solemne y tan definitiva, que se parecía a la muerte. Ella o yo. Yo”; en ese momento Francisca toma la decisión que se ha construido a lo largo de cuatrocientas páginas, es la única salida posible que ve, porque prefiere la desaparición de Javiera a enfrentarse con su rencor, su mezquindad y sus chantajes. Digamos que Javiera llegó a romper el equilibrio que había en las relaciones que tenían Francisca y Pedro, incluso cuando alguno de los dos estaba evidentemente interesado en alguien más. Es importante tomar en cuenta, hacia el final del libro, que la relación entre Francisca y Gerbert no es el resultado de un ardid posesivo de Francisca, como lo enmarca Javiera venenosamente y como la misma Francisca llega a dudar; ya en esa primera escena, ella se plantea la atracción que siente por el joven Gerbert y decide no actuar en consecuencia, no por una fidelidad ñoña hacia Pedro, sino porque el cariño con (y hacia) él, la mantiene alejada de otros cariños; pero, y esto es lo interesante, eso no quiere decir que Francisca no pueda cambiar de opinión durante el resto del libro. 

En general, la vida que se retrata en la novela es la que se suele etiquetar como bohemia, en especial en la etapa de entre guerras (aunque la novela se publicó en 1943, se terminó de escribir hacia 1937; se entiende que con correcciones posteriores y adiciones sobre el estallido de la Segunda Guerra Mundial). Cada personaje se dedica al arte a su modo; de todas, excepto Javiera, la que no pinta escribe y si no, baila profesionalmente; todas van a los cabarets (en el original posiblemente vayan a uno u otro bistrot: lugares que no son exactamente centros nocturnos ni bares ni restaurantes ni tampoco cabarets, sino una mezcla difícil de traducir en términos contemporáneos. En México los sitios más cercanos a esta descripción solían llamarse antros, aunque no hubiera música demasiado alta, en contraposición con las cantinas, que en realidad podrían ser un mejor equivalente, salvando las distancias de posición social y nivel económico), las mujeres se invitan a bailar entre sí con mucha más naturalidad incluso que en parejas mixtas; adulan mutuamente su belleza y sus atuendos sin reservas y siempre hay una leve carga erótica en su admiración. También hay un retrato de sus hábitos, todas (todos los personajes) fuman, beben vino tinto, desayunan café con magdalenas (como la famosísima magdalena de Proust), van al teatro y pasean por lugares que suenan, a un lector contemporáneo y que no haya visitado París, casi míticos: Montparnasse, Saint-Germain-des-Prés, el café de Flore. Asistimos a sus fiestas, sus discusiones sobre tal o cual obra de teatro, a sus apreciaciones sobre arte. 

Una breve nota de estilo: ella misma dice que, mientras escribía esta novela, reconocía cierta la influencia de Hemingway, porque él había mostrado cómo escribir diálogos simples y la importancia de las pequeñas cosas de la vida (todo esto dentro de la ficción, se entiende). 

De la historia de Gerbert, los padres adoptivos, el trabajo desde que era niño, la simpatía natural que despierta en todo el mundo, y de su edad, apenas veinte años, se desprende que está en una posición de alguien no sólo más joven sino un poco desvalido en relación con Francisca y con Pedro. En el caso de Javiera pasa lo mismo: viene de un pequeño lugar de provincia, es muy joven y definitivamente no está educada, de hecho se comporta como una adolescente y cada vez que aflora su gazmoñería, se comporta incluso más altanera; la pareja decide entonces tomarla bajo su ala, literalmente, la mantienen, le pagan la renta, la procuran y la llenan de atenciones, (¿la figura clásica?): la convierten en una niña mimada. ¿No es la situación de ambos un poco la de hijos adoptivos de Francisca y Pedro?, ¿no hay, pues, una suerte de relación vagamente filial mezclada con un interés sensual de Francisca hacia Gerbert y hacia Javiera? Pero resulta complicado etiquetar a los personajes de manera tajante. Cada relación que mantienen los personajes entre sí, con excepción de la relación central entre Fran- cisca y Pedro, tiene un área un poco borrosa, indefinida, un ángulo que sale de los marcos más fáciles y convencionales; por ejemplo, ninguna de las mujeres de la novela está exenta de ciertos ademanes seductores hacia otras mujeres, con excepción, quizá, de Isabel, que tiene ciertas reflexiones casi amorosas cuando piensa en Pedro, que es su hermano, así que su límite es filial. 

Todo esto sitúa a los lectores en una posición interesante: hay una suerte de propensión (digamos que freudiana) a poner todas estas interacciones bajo una etiqueta sexual: homosexualidad entre mujeres y entre hombres (hay al menos un personaje decididamente homosexual en la compañía de teatro de Pedro y en el mismo hotel o pensión en que vive la protagonista hay un hermafrodita) y pluri-sexualidad o bisexualidad; hay también amor entre hermanos (el más platónico de todos) y, en el caso de un matrimonio común y corriente, hay de todos modos amor extramarital; hay amor entre una mujer de treinta y un hombre diez años más joven... En resumen, hay un retrato de diversos tipos de relaciones amorosas, carnales y no. Sin embargo, la autora entrama y construye las situaciones de un modo muy prolijo y minucioso, de tal modo que el lector las va desvelando junto con los personajes; de hecho, muchas de esas inclinaciones son prácticamente platónicas en un inicio y se desarrollan sólo en la mente de los personajes, ni siquiera como un deseo manifiesto, sino como una mera consideración desprovista casi de pasión física o como una conjetura. Es decir, muchas veces, la atracción de un personaje hacia otro no sólo es unilateral, también obedece al vaivén de los pensamientos más cotidianos de cada uno; esto se sostiene hasta que esa atracción empieza a manifestarse de modo externo, claro, pero entonces se desarrolla de manera natural, como consecuencia de una inclinación ya aceptada y asumida. En ese sentido, la construcción de las acciones en relación con los pensamientos es muy efectiva y la forma en que la autora inserta todos esos pensamientos en la trama demuestra una sutileza increíble: es parte del estilo de esta novela. 

Simone de Beauvoir entreteje en las nimiedades del día con día las observaciones y los puntos de vista de cada persona representada en las páginas de este libro, vemos sus inseguridades, sus dudas, lo que preocupa a cada quién. Así, por ejemplo, aunque en ocasiones Isabel esté viviendo una verdadera angustia, se comporta exteriormente como si todo fuera muy normal y natural; y Francisca y Pedro reaccionan ante estos comportamientos (no sólo de Isabel, de cualquiera de sus amigos y conocidos) también de modo natural, aunque después comenten entre ellos, en uno de sus tantos momentos de charla íntima, la actitud o la crispación de los gestos, y saquen con base en esas observaciones sus propias conclusiones. Se ha hablado de que en esta novela se representan ideas existencialistas, la idea de el otro (la otredad inasible de Javiera, por ejemplo, será siempre inalcanzable para Francisca), ciertas angustias, y la representación de la libertad, su cuestionamiento incluso. 

Javiera puede resultar muy desagradable y está construida sin ninguna virtud, a pesar de que la protagonista y su pareja le prodigan tanto cariño (los demás personajes no la tienen en tan alta estima). Pedro parece fatuo a ratos, demasiado voluble incluso a contrapelo de la imagen que tiene de sí mismo. Gerbert es el más fresco de todos los personajes e Isabel la menos luminosa. Francisca es la más completa y la más compleja, en su papel de protagonista, encarna muy bien a una mujer ordenada, serena y lúcida, que poco a poco siente más inquietud por las relaciones establecidas entre ella, Javiera y Pedro, pero es una inquietud gradual y, bajo el ala de la lectura, bien justificada. Por eso, cuando decide terminar de tajo con la situación, es no sólo entendible sino casi una consecuencia lógica que abra esa llave de gas y termine, de una buena vez, con el fardo que representa Javiera. Hasta en la conclusión, Francisca apela a nuestro entendimiento en un plano absolutamente humano; no opone el acto de matar a Javiera como algo bueno o malo, su dicotomía descansa sobre el hecho de que esa decisión, ese acto de abrir la llave del gas que conlleva la muerte de otra persona, es una decisión que toma ella sola, por sí misma y, aunque luego la comparta o la cuente o la describa, nadie más que ella en ese instante mueve sus manos, se despide de Javiera, va a ponerse la piyama, espera a que llegue la mañana siguiente. 



PREGUNTAS 

¿Cuál es el primer acercamiento que tenemos a la relación entre Francisca y Gerbert?, ¿y cuál la aclaración de la relación entre Francisca y Pedro? 

¿Es claro desde las primeras páginas que Francisca vive un amor sin ataduras con Pedro, un amor que puede etiquetarse como libre? 

¿Por qué deciden Francisca y Pedro llevar a Javiera a vivir a París?, ¿tenía alguno de ellos una verdadera inclinación romántica hacia la jovencita o era un simple impulso protector? 

¿Cómo es Javiera?, ¿por qué siempre dice que se aburre y que la gente no es auténtica como ella? 

¿Cómo se comporta Javiera con Francisca y con Pedro?, ¿es igual cuando está sólo con Francisca y cuando está con ambos? 

Desde la primera vez que se menciona el olor de Javiera, hay algo que desentona: “Le gustaba ese cosquilleo de colores osados y marchitos, y esa luz fúnebre, y ese olor a flores muertas y a carne viva que flotaba siempre alrededor de Javiera”; sin embargo, cuando descubre que Javiera inhala éter, le dice que “huele a farmacia”. ¿Es un anuncio de que Javiera, al final, no va a salir viva de la narración o un rasgo más de carácter? 

Cuando Javiera se quema la mano con el cigarro ¿es una manera de llamar la atención?, ¿es una forma de pedir ayuda?, ¿es una manifestación de su estado psicológico? Ella aduce que estaba demasiado borracha, pero es difícil creerle. 

¿En algún momento Francisca está enamorada de Javiera? Y Javiera, ¿quiere realmente a Francisca?, ¿hay algún indicio real de que le agradezca que la haya llevado a vivir a París?

¿Es viable pensar que Javiera quiere a Pedro? Quizá es lógico pensar que no quiere a nadie, ¿se quiere a sí misma, desde un punto de vista moderno? 

¿En algún momento Pedro está realmente enamorado de Javiera o es sólo un deslumbramiento fatuo? 

¿Tiene razón Francisca de sentir celos por Pedro en relación con Javiera? 

En el momento en que Francisca se enferma, se pone de manifiesto la fragilidad de su rutina y de su vida, ¿cuál es la única visita que realmente la alegra? Pedro va a verla porque ella es, sin duda, su persona más cercana y quizá la más importante. Javiera la visita también, ¿quién más la visita en el hospital? 

Hay pasajes del libro en que el narrador omnisciente centra el relato en los pensamientos y percepciones de alguno de los personajes que rodean a Francisca, ¿para qué nos sirve este cambio de perspectiva? ¿Qué es lo que vemos cuando asistimos a las consideraciones de Isabel?, ¿y a las de Gerbert? 

¿Cómo afecta la inminente guerra a los personajes de la novela?, ¿por qué se tienen que ir tanto Labrousse como Gerbert? 

¿Cómo cambia el clima general antes y después de que estalle lo que ahora conocemos como Segunda Guerra Mundial? ¿Hay repercusiones en la vida de Francisca y de los demás? 

La novela se escribió antes de 1939; sin embargo, la autora decidió añadir el asunto de la guerra antes de que se publicara en 1943, ¿por qué habrá tomado esa decisión?, ¿por qué no dejó esa ficción fuera de ese momento histórico? 

¿Por qué Javiera regresa a París, si ya se había ido de nuevo a su pueblo?, ¿qué impele a Pedro y a Francisca a llevarla de nuevo con ellos? 

Hacia la tercera parte del libro Francisca piensa en la muerte de Javiera, ¿es un anuncio de lo que vendrá o sólo una conclusión que se vuelve sólida después de unos meses de tortura emocional? 

¿Por qué Isabel parece ser tan desdichada? 

¿Qué representan Francisca y Pedro como pareja?, ¿qué piensan de ellos sus amigos?, ¿qué piensan ellos de sí mismos como pareja? ¿Y como individuos, se conciben como una pareja fuera de lo común? 

¿Por qué Javiera amenaza el equilibrio entre Francisca y Pedro?, ¿por qué Francisca llega a odiarla?, ¿es sólo por simples celos? 

¿Javiera es consciente de que destruye las relaciones que podría sostener con otros seres humanos? Con Gerbert, por ejemplo, que es quien menos se complica la existencia de todos ellos, también se comporta de manera caprichosa. ¿Se da cuenta de que lastima a la gente o es sólo ceguera moral la suya? 

¿Qué pensará Pedro cuando sepa lo que hizo Francisca con Javiera?, ¿estará de acuerdo? 

¿Tenía Francisca otra opción? ¿Por qué no manda a Javiera a su pueblo de vuelta?, ¿por qué quema las cartas de Gerbert y de Pedro?, ¿por qué nadie, ni la misma Javiera, parece incapaz de encarar la conducta rastrera de esa invitada que se convirtió en un parásito?


CONCLUSIÓN
El centro de la novela es el trío que forman Francisca, Pedro y Javiera, aunque haya ciertos satélites que pueden tener más o menos importancia a lo largo de la novela, como Gerbert. Curiosamente, la única escena de sexo de todo el libro es la de Francisca y Gerbert, muy al final del libro, y se desarrolla durante un viaje que hacen ellos dos, solos, al sur de Francia, una suerte de vacaciones en las que practican el alpinismo. A diferencia de los escenarios parisinos, en Ardecha ambos parecen encontrarse más sueltos y a gusto, y aun así, a Francis- ca le cuesta trabajo tomar el papel de ¿seductora?, o quizá, más adecuadamente, de mujer frente a Gerbert, quien siempre la ve con cierta distancia a pesar de que la desea desde hace mucho. Ambos se tienen cariño y es lo más importante; la amistad sobre el deseo. Después de haber pasado (a mitad del libro más o menos) por un encierro en el hospital por enfermedad, ver a Francisca al aire libre, fuera de su círculo social de siempre, es un alivio. Es literalmente un respiro, antes de que la acción se precipite hacia el final. 

El entorno de Francisca y Pedro es armónico. Incluso sus amantes ocasionales (como en el caso de Sartre y de Beauvoir) son parte de un equilibrio que se mantiene bien o mal. Por ejemplo, cuando Francisca empieza la relación con Gerbert, en París, de regreso, es evidente que Pedro lo sabe y no representa ningún problema. Los inquieta la reacción de Javiera, igual que los inquieta Javiera en relación con cualquier suceso o con cualquiera de sus reacciones. Una pareja, entendida como dos personas que mantienen una relación amorosa, es una construcción. En La invitada, la autora desmenuza distintas relaciones, desde Isabel y Claudio, donde ella es la amante del hombre casa- do, hasta la manera que tiene Guimiot para ejercer de gigoló: todas son relaciones de poder o de encuentros desiguales, excepto (al parecer) por la relación entre Javiera y Pedro que, cuando no tiene a nadie más, se mantiene en el mejor equilibrio; incluso cuando se habla de la chica con la que Pedro mantiene cierta relación, antes de que llegue Javiera a instalarse a sus vidas. 

El contraste entre la relación de la protagonista con Pedro y la de Javiera con Pedro y con la propia Francisca es muy fuerte: Javiera es posesiva, dramática, desdeñosa y pacata, y exige una total devoción, mientras que no da absolutamente nada a cambio; el mismo Pedro dice que esa muchachita es una tirana. Es ahí, tal vez, donde radica su pobreza: es incapaz de comportarse como una persona completa y, en lugar de salir de sí misma para acercarse a tocar a los otros, se encierra y se oculta a un grado enfermizo. Esa no es nunca una razón para matar a nadie, nunca hay buenas razones para matar, pero en el ámbito de la ficción, quizá es la mayor justificación que puede el lector dispensarle a Francisca: Javiera se había convertido no solo en una sanguijuela, sino en una criatura que había despertado en la protagonista la única emoción humana que le era realmente ajena: el odio. 



OBRAS DERIVADAS 

Al menos dos de las novelas de Simone de Beauvoir tienen adaptación cinematográfica, de hecho conservan en inglés el título con el cual se tradujo cada obra: 

Una es Blood of Others (La sangre de otros), una película de 1984 con Jodie Foster y Sam Neil. Aunque la película al parecer no tuvo muy buenas críticas, es destacable que la dirige nada menos que Claude Chabrol (el fundador de la Nouvelle Vague). Tráiler:
 [https://www.youtube.com/watch?v=A6rm1DheUCQ] 

Y la otra, All Men are Mortal (Todos los hombres son mortales), que se puede ver en Youtube, aquí:
[https://www.youtube.com/watch?v=dw6eXN0iwLc]

También está Violette, que no es una película basada en una obra de Simone, sino en la vida de una protegida suya. El artículo (en inglés) de The Guardian es bastante elogioso. No dice que sea o no una obra apegada a la realidad, sino que es una excelente obra; sobre todo de ese género informal que es el de las películas de escritores:
[http://www.theguardian.com/film/2014/oct/02/violette-review-biopic-simone-de-beauvoir]


RECURSOS 

Una biografía muy completa, en inglés, con énfasis en el trabajo filosófico de la autora, en la Internet Encyclopedia of Philosophy:
[http://www.iep.utm.edu/beauvoir/#SH4a] 

Al parecer no era frecuente que Simone de Beauvoir concediera entrevistas y en línea no hay tantos documentos audiovisuales como podría pensarse; por eso es más significativa esta entrevista que le hicieron en 1975 en la televisión, donde habla de su postura feminista, de sus planteamientos en El segundo sexo y de la importancia social de la liberación de las mujeres del yugo patriarcal. Es un documento valiosísimo, sobre todo porque en menos de una hora, a uno le queda claro el altísimo nivel intelectual de esta escritora y su esquema de pensamiento. Simone de Beauvoir Explains “Why I’m a Feminist” in a Rare TV Interview (1975), audio en francés y subtítulos en inglés:
[http://www.openculture.com/2013/05/simone_de_beauvoir_ explains_why_im_a_feminist_in_a_rare_tv_interview_1975. html] 

En The Paris Review viene una entrevista, a propósito de su trabajo como escritora, sobre todo, en inglés:
[http://www.theparisreview.org/interviews/4444/the-art-of-fiction-no-35-simone-de-beauvoir] 

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