TELA DE SEVOYA - Myriam Moscona

Libia Brenda Castro -

UBICACIÓN BIOGRÁFICA 

Myriam Moscona nació en la Ciudad de México y pertenece a una larga estirpe de escritores que no empezaron en una facultad de literatura —porque estudió comunicación—, sino en el oficio periodístico. Su herencia cultural empieza en 1948 cuando sus padres, judíos sefardíes, deciden salir de Bulgaria como consecuencia de las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, pero el origen de esa herencia se remonta a la España del siglo XV. Nació en 1955, en una Ciudad de México que ahora se nos parece como idílica; es el mismo año en que el 3 de julio las mujeres votaron por primera vez en este país. Creó en una un ambiente familiar multicultural, en el que lo mismo se hablaba búlgaro, ladino (ese pariente del español medieval que se formó a raíz de la diáspora judía) o español.

Myriam es, sobre todo y antes que nada, poeta. Aunque haya sido periodista cultural, traductora, conductora de televisión, productora de radio, guionista y actriz.



UBICACIÓN BIBLIOGRÁFICA 

Tiene en su haber los más importantes premios literarios del país: el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, por su libro Las visitantes (1988) y el Xavier Villaurrutia de escritores para escritores, justamente por la presente novela, Tela de sevoya (2012). Ha ganado también premios como el Premio Instituto Cultural México-Israel (2000) y Regents Lecturer en la UCLA, la máxima distinción que otorga la universidad a un creador no académico. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores del Arte y fue becaria de la Fundación Guggenheim. Ha publicado varios libros de poesía, como Último jardín (1983), El árbol de los nombres (1989), Las preguntas de Natalia (1991, poesía para niños), Vísperas (1996), Negro marfil (2000), El que nada (2006), o Ansina (2016), un libro de poesía escrito en judeoespañol y que puede leerse con la ayuda de un glosario, y es autora de varios libros artesanales de poesía visual, como De par en par (2009), o Velo verde, Las dos tortillas y Norteada. A propósito de Negro marfil, libro donde experimentacon el oxímoron que representa el color negro marfil y en el que hay también ilustraciones de su propia mano, fue editado por Les Figues Press en forma bilingüe en Los Ángeles (Ivory black/Negro marfil), obtuvo dos reconocimientos por la traducción al inglés de Jen Hofer en 2012: el que otorga  el Pen American Center para el mejor libro de poesía traducido al inglés y el Harold Landon Morton de la Academia de Poetas Americanos.

Entre otras propuestas, Tela de sevoya busca traspasar las fronteras entre géneros literarios, incluso entre vivos y muertos, y por eso encontramos un trasvase entre sueño y vigilia, y una combinación de poesía, prosa, datos, crónica, memoria, lenguas e invención.



DATOS CURIOSOS 

En 2006, la autora tenía en mente hacer un libro de poesía y para ese proyecto obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim. Con ese objetivo viajó a Bulgaria, en un juego de espejos con aquel Juan Preciado que fue a Comala porque le dijeron que allá vivía su padre, un tal Pedro Páramo y también con Telémaco, que tuvo que ir hasta Esparta en busca de Odiseo; con la salvedad de que Myriam Moscona si sabía cuál era el destino de su padre, pero de todas maneras buscaba su origen, las casas donde habían vivido sus antepasados. En casi todas las entrevistas que le hicieron con motivo de la novela, ella dice que había jurado: “Yo nunca voy  escribir una novela”, seis años después de empezar este libro tuvo que haces a la idea de que en la editorial le llamaran “la novela” y recién publicado el libro, ganó el Premio Xavier Villaurrutia, como novela. Ahora, “a su manera este libro es muchos libros” (esta es una cita de Rayuela, pues Tela de sevoya subvertido, diferente al propuesto por la edición en el libro que tenemos en las manos), pues está conformado por textos breves o brevísimos de más de un género literario, cuyo conjunto forma una figura completa; y es esto, más que una estructura no tradicional o una trama de suspenso, lo que convierte a esta novela en una narrativa novedosa, poco común a nuestros ojos lectores. Quizá sin proponérselo, Myriam Moscona haya dado un grito en la novelística mexicana, gracias a su oído y a su intuición literaria.



DISCUSIÓN DE LA OBRA

LA CASA 

Hay un cuento, “historia de los dos que soñaron”, que relata cómo n hombre, haciendo caso de un sueño, atraviesa desiertos y enfrenta peligros con tal de ir en busca de “su fortuna”, sólo para encontrar que bajo la higuera de su propio jardín ha habido siempre un tesoro. Miriam Moscona encarna, en cierto modo, a ese hombre: ella fue a una tierra lejana en busca de los orígenes de su familia para encontrar que el corazón de su proyecto literario se hallaba en la casa en que creció.

Nuestra primera casa es el lenguaje, aprendemos a decir el mundo y al nombrarlo no sólo lo asimos y lo definimos, sino que o creamos cada vez que volvemos a pronunciarlo. El lenguaje, ademas nos moldea y conforma nuestra estructura más profunda. 

El reconocido lingüista Noam Chomsky dice que el lenguaje es un instinto básico en el ser humano; el poeta Fabio Morábito dice que a tal grado estamos construidos por nuestra lengua materna, lloramos y, por supuesto, soñamos en el idioma con el que crecimos (también se afirma que incluso nuestra expresión corporal se vería afectada por la estructura de la lengua materna, así, no puede ser lo mismo caminar en español que en chino, por ejemplo). 

La casa de la autora de Tela de sevoya  está en México, siempre ha estado aquí, pero ella, igual que la protagonista sin nombre de esta novela, tuvo que ir al otro lado del mundo a confirmarlo, en un acto que entraña una forma de descubrimiento. Y como decir la casa es decir también la lengua, hay que aclarar que la casa de la protagonista es el español mexicano pero en ella hay una habitación muy importante en donde se habla andino o español sefardí y en la que habita su abuela materna; ese único espacio es la casa entera de la abuela Victoria y en ella vivió durante muchos años con toda su familia, antes de salir de Bulgaria rumbo a un país que era “Meksiko [...] solo un payis ke de la banda izkyedra le enkolgava una lingua larga kon el nombre de la Basha Kalifornia”, como describe a México Esther Benaroya, la abuela paterna de las protagonista. En la casa partícular de Myriam Moscona debe de haber también una habitación en la que se habla judeo-español, una lengua que se mantuvo viva desde el siglo XV y que se extendió por varias partes del mundo gracias a que los judíos expulsados levaron a cuestas, como el caracol, su español medieval en 1942 (el mismo año de la llegada de Colón a este continente y de la Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija, la primera gramática de una lengua romance). Todo un pueblo ene l exilio, que muchas veces se han visto en la necesidad de mantener sus tradiciones su identidad a puertas cerradas. El ladino, aunque haya intercambiado vocablos con otros idiomas, se mantuvo en cierto modo estable durante quinientos años, ya que las lenguas cambian de manera natural y mezclan entre sí, crean nuevas palabras o modifican las que ya poseen, como pasó con el latín que se fue transformando hasta derivar en italiano, francés, español y otras lenguas romances.

    Sin embargo, en la actualidad la Unesco incluye el sefardí en su Atlas de las lenguas del mundo en peligro, y es posible que desaparezca en una o dos generaciones más, porque ya no hay niños que lo hablen, es decir, no se está renovando ni se ha transmitido a as nuevas generaciones ni tiene una ortografía canónica. La protagonista de Tela de sevoya crece escuchando este idioma, y otros más (el búlgaro, por ejemplo) y lo entiende perfectamente, pero no lo habla, es decir, no lo ejecuta; los diálogos que tiene con su abuela son bilingües, la adusta y anciana Victoria la interpela en ladino, pero la niña responde con español; incluso mientras duerme, hasta cuando sueña con padre (y cuando él le habla ladino ella se extraña), ella habla, responde, articula en español.

Del mismo modo, Myriam Moscona creció en una familia multilingüe y entiende, habla y hemos visto que escribe ladino, aunque su lengua materna sea el español, esa primera  casa que comparte con nosotros, sus lectores. Sus padres no nacieron en México, tampoco sus abuelos, y es fácil imaginar que cuando llegaron a vivir a México lograran comunicarse con cierta soltura pues las dos lenguas, a pesar del tiempo y, literalmente, de la distancia resultan muy semejantes; pero no fue necesario que ella llevara a cuestas su casa a ningún lado. Puede que esa también sea una de las razones por las que el ladino represente, como dice la propia autora, una llama que lleva más de treinta generaciones pasando de mano en mano y que parece que está cerca de extinguirse; si la generación que ya nació en los países a los que llegaron esas familias hablantes de judeo-español se sienten en casa, si ya no tienen planes de volver a una hipotética patria que ya no es la suya, tampoco necesitan mantener una lengua que ya no les pertenece de la misma manera, ya no es su casa, no nacieron ni crecieron arropados en ella; saben entenderla, escucharla, descifrarla, pero no la usan para comunicarse en su vida cotidiana, no la practican y no la guardan, no la conservan; como no se conservan muchas otras pertenencias heredadas que, con el tiempo, han perdido su uso original y acaso su utilidad.

La fortuna de textos como este radica en que cada lectora, cada lector de Tela de sevoya sabe ahora un poco más sobre su propio español (en España, en México, en otras partes de Latinoamérica) y el de sus antepasados e incluso sobre el idioma que podría perteneces al de Alfonso el Sabio, porque, aún en el siglo XXI, mantiene ecos de ese español medieval en las voces de algunas de nuestras abuelas y seguramente de muchos que viven en zonas del país en las que los cambios léxicos son mucho más lentos; así cuando la gente dice “desdenedenantes”, “muncho”, “mesmo”, “haiga” está hablando con palabras que se han mantenido casi intactas durante medio milenio y que tienen un vínculo más fuerte con ese español sefardí que con el español contemporáneo.



ESTRUCTURA DE LA OBRA

Como ya se dijo, esta no es una novela tradicional, no obedece a la estructura usual de una novela, aunque sí cuenta una historia que se entreteje con otras; tampoco está compuesta pos capítulos sucesivos, más bien por campos semánticos homogénea. Hay seis temas que se distinguen por su nombre, sonde tradicionalmente iría el título de un capítulo, sólo que ene este caso se usan esos ser títulos para encabezar cada fragmento y se van repitiendo a lo largo de toda la novela (aquí se ponen ordenados por frecuencia de aparición, de mayor a menor): “distancia de foco”, “Pisapapeles”, “Molino de viento”, “Del diario de viaje”, “La cuarta pared” y “Kantikas”.

Distancia de foco. En la fotografía la distancia focal tiene que ver con la cercanía o lejanía con que se aprecia un objeto y con la nitidez con que aparece, el la foto, lo que rodea a ese objeto y con la nitidez con que aparece, en la foto, lo que rodea a ese objeto (no es lo mismo hacer un zoom a una flor y que el resto del campo se vea borroso, a hacer una toma panorámica de unas montañas en la que todo el paisaje se ve con claridad). La autora lo usa como título para los fragmentos relativos a la memoria y así vamos hilvanando la historia de la protagonista y la de su familia, desde que ella es niña hasta la muerte de su madre. Esto no quiere decir que no sean ficticios, nunca sabremos en qué medida esa memoria pertenece a la escritora o al personaje solamente; ¿habrá Myriam convivido con una abuela sombría y de corazón enjuto?, ¿sería así como, años antes, esa misma mujer anciana se llevó a una perra a un suburbio de la ciudad de Sofía para quitársela a sus hijos?, ¿será la autora o al personaje a quien llevaron a la Villa en busca de un pequeño milagro (y que acabó por encontrar a su nagual)? ¿Será todo pura invención?

Pisapapeles.- Un pisapapeles es un objeto útil (es también un objeto cada vez menos frecuente en escritorios con cada vez menos papel en ellos), su nombres explica solo. Si hubiera que mantener a salvo varias resmas de hojas sueltas cada una podría tener encima una de esas gotas enormes de vidrio soplado, tan frecuentes en las casas de los abuelos, que servían además para jugar a ver el mundo invertido. En la novela, se engloban bajo este título varios ensayos históricos, reflexiones sobre el ladino, datos duros sobre la cultura alrededor de la cual se entreteje esta narración. Son los resultados de una investigación que se adivina exhaustiva, y en ellos hay desde recetas de cocina hasta el texto de la sentencia de la expulsión con fecha del 31 de marzo de 1492. 



PREGUNTAS 

  • ¿Cuáles son la pistas que nos da el inicio del libro sobre la historia que estamos a punto de leer?
    ¿Y sobre la protagonista?
  • Para Esther Benaroya el español que se habla en México Ama aki lo avalan malo, malo… no saven decir kozaz kon su muzika de orijín, ¿por qué a ella le parece que las palabras de aquí “no se dicen con su música de origen”?
  • La voz que habla en “Distancia de foco” ¿es la misma que habla en “Del diario de viaje”?,
    ¿Podemos saber que esa niña es la misma que viaja a Bulgaria?
  • En los pasajes oníricos de “molino de viento”, todo tiene una tesitura semejante, ¿será un tono de angustia, de melancolía, de soledad, de incertidumbre?
  • En la primera parte de la novela, la protagonista cobra venganza de un tío abusivo y repelente; pero luego, en la página 274, vuelve a aludirse a aquel mismo tío en un pasaje de “Distancia de foco”, ¿este tipo de traspasos suceden en otras partes de la novela?, ¿en qué otros fragmentos de la novela se menciona o se alude a hechos de campos semánticos diferentes?
  • En el “Molino de viento”, el sueño termina cuando la protagonista levanta un pisapapeles. ¿Qué rompecabezas se va armando conforme avanzan los segmentos titulados “Pisapapeles”?, ¿qué historia se desvela poco a poco ante nosotros?
  • Entre las reflexiones que se hacen, una de las preguntas es su una lengua tiene tiempo, ¿cuál sería el tiempo del español que usa la narradora, es el mismo tiempo del sefardí?, ¿el tiempo de la niñez es el mismo de cuando ya es una adulta?
  • A lo largo del libro hay citas y ecos de varios autores, entre ellos están Proust, Cioran, Roland Barthes, Jung o Anna Ajmátova. ¿Qué detona estas asociaciones en la voz narrativa?, ¿por qué dice que recuerda, piensa o vuelve a las palabras de estos escritores?
  • ¿Cuál es la relación de la protagonista con su madre?, ¿y con su hermano?
    ¿Cómo es el recuerdo de su padre?
  • A contrapelo de las abuelas tradicionales, aparece la figura de Victoria. Para la niña de la novela (y para la adulta que visita esos recuerdo familiares), esa mujer representa una figura ominosa y oscura. ¿Por qué la abuela Victoria es una mujer tan dura, tan seca y difícil? ¿Tenía ya el corazón endurecido desde antes de su migración obligada?
  • ¿Qué descubre la niña cuando pregunta si su abuela era enfermera?, ¿es posible que ese pasado envuelto en una situación de guerra, haya tenido que ver en su endurecimiento?
  • La abuela paterna, Esther (de quien su nuera dice que está loca), parece más cercana a la niña, ¿cómo la ve la protagonista?, ¿por que dice que hubiera preferido vivir con ella y no con su abuela Victoria?
  • ¿Por qué la abuela Victoria contesta en su lecho de muerte, ante la petición de perdón de su nieta: “No. Para una preta kriatura komo sos, no ai perdon”?
    ¿Y por qué le dice que ella mató a su padre y por qué la maldice?, ¿por sadismo, para asustarla?, ¿era el suyo un afán mal entendido y peor ejecutado de disciplinar a su nieta? No hay respuesta correcta ni aclaración tajante posible, pero un personaje tan extremo y tan aterrorizan merece una reflexión lectora que no se quede sólo en la calificación.
    ¿Por qué, después de todo, un ser humano se siente empujado a hacer lo que hace?
  • ¿Cuál es la lección que, a pesar de todo, la nieta recibe de esta abuela tan dura?
  • De la página 130 a la 139 de la novela, hay un “Pisapapeles” y dos segmentos “Del diario de viaje” que hablan de la ortografía del judeo-español y de las opiniones que tienen varios personajes al respecto. ¿Por qué resulta aparentemente insalvable el problema de que este idioma se escriba de una sola manera?, ¿será posible que lleguen a escribirlo igual en todos lados?
    ¿Por qué los lectores que no conocen el ladino y no tienen referencias anteriores, pueden entender las kantikas y los fragmentos citados o escritos en esta lengua?
  • A lo largo de la novela hay pasajes oníricos que apuestan, como en los sueños reales, por un lenguaje totalmente simbólico, ¿tendrán estos pasajes varias interpretaciones, como a veces tienen los sueños?, ¿apelan a un código cerrado o entrañan significados que podemos desvelar?
  • En “Distancia de foco”, la protagonista descubre por qué se acaba de mudar muy cerca del Panteón Jardín: “Allí, tras los cipreses, habían enterrado a mi madre hacía once meses y, sin percatarme, elegí esa casa, justo frente a esos árboles, para estar más cerca de ella, sin el menor dialogo conmigo, como un hechizado son el menor dialogo conmigo, como un hechizado que sigue una orden”, ¿también estas manifestaciones evidencian de una voluntad que subyace bajo la conciencia?
  • Pasa algo semejante con el trozo de papel que encuentra la protagonista, adulta, cuando lee a Walter Benjamin y recuerda un pasaje de su infancia. ¿Qué clase de convergencia opera en ese momento, en el que se agolpan la catrina, las voces de la madre y la tía, las manifestaciones físicas de la alergia?, ¿tiene todo esto que ver con esos preceptos junguianos de sincronicidad y de inconsciente colectivo?
  • Independientemente de que la narradora lo mencione de modo específico, ¿este mismo principio se puede encontrar en otros segmentos de la novela?
  • Cuando la protagonista y su hermano llevan a su madre, en una etapa muy avanzada del cáncer, al Desierto de los Leones, la madre entona una canción de la Pascua judía. ¿A qué ronda infantil se parece esta canción en la que hay una ristra de personajes que se encadenan entre sí?
  • Hacia el final de la historia (no lineal, pero sí nítida), ¿qué descubre la protagonista y qué nos muestra a partir de su diario de viaje?,
    ¿Qué descubrimos nosotros, de su mano, no sólo gracias a lo que se consigna en el diario, sino a lo que se ve en “Distancia de foco”, los cabos que se atan de los Pisapapeles”?
  • ¿Encontró la viajera todo lo que fue a buscar al otro lado del mundo?
    Cuando fue a Bulgaria, a Turquía, a Grecia, ¿buscaba la casa de su padre solamente? ¿En qué estaba convertida la que fuera la casa de su madre?
    ¿Encontró más cosas, además de esas que había ido a buscar?
  • Es este viaje que seguimos en la novela un viaje iniciático?, ¿es un viaje de otro tipo?
  • ¿Cómo es que todos los fragmentos tienen sentido dentro del libro, qué los une?
  • ¿Se arma completo el rompecabezas planteado al principio de la novela?
  • Cuando la novela termina, ¿cuál es la sensación que nos deja?, ¿salimos de ella igual que como entramos?


CONCLUSIÓN

LA SEVOYA DE MYRIAM

Sabemos que el origen de la literatura es oral. Antes de que tuviéramos un alfabeto o escribiéramos en pergamino y mucho antes de que existieran los libros, ya había literatura; los textos se aprendían de memoria y se recitaban en voz alta, lo que funcionaba como herramienta para reproducir un texto, al mismo tiempo que para preservarlo. Lo sabemos, pero se nos olvida que por esa razón la literatura también se escucha; porque ahora, en cambio, nuestra tradición como lectores está fincada en el silencio, la lectura moderna se considera un acto callado. Sin embargo, si tenemos suerte, aprendemos a escuchar; la poesía, por ejemplo, debe escucharse (este no es un deber como una regla a seguir de manera didáctica, es un modo de hacer que allane el camino); a veces uno cree que no entiende un poema, pero cuando lo escucha en voz alta lo percibe, conecta con su cadencia, con el sonido de las palabras, en cierto plano, dicen), por eso se habla de la música del lenguaje.

Esto viene a cuento porque en esta novela hay pasajes que sería mejor escuchar, como los que están en ladino, porque así tendríamos una relación mucho más directa con lo que se dice y con la musicalidad de esa lengua. Y que Myriam Moscona proviene de una formación poética, lo que resulta en una prosa muy limpia, cuidadosamente labrada, que, sorprendentemente, se mantiene a lo largo de las casi 300 páginas del libro. Tal vez ella misma leyó en voz alta sus capítulos, para decidir si funcionaban bien, porque para un poeta lo más importante será siempre el lenguaje, esa materia prima que no sólo es fondo, sino forma.

Lo tercero está representado en el título mismo de la novela. Una cebolla está hecha de varias capas, si empezamos a deshojarla tenemos que ir de lo superficial a lo más profundo. El tejido de cada una de esas capas es traslúcido, delicado, suave a pesar de ser fibroso; es también aromático, picoso (hay quien no puede evitar lagrimear cuando corta cebolla). Según se consigna en uno de los segmentos de “La cuarta pared”: “Así es la humanidad entera. El meoyo del ombre es una telika de sevoya. Así me decía mi vavá para hablar de la fragilidad de la mente, de la alma humana”. Pero también la memoria es una cebolla hecha de capas de tiempo y de sucesos, y a veces nos sorprende lo que hay en las capas más profundas, esas que no se ven a la primera, si no que hay que encontrar con paciencia.

Esa novela es también una cebolla, está compuesta por varias capas de la lengua española, el sefardí acaso una de las más profundas, otras capas de memoria, de articulación literaria, de artificio de l lenguaje, de hechos históricos, de episodios de dolor, de canciones, de citas de otros escritores, de nombres, de momentos de incertidumbre o de terror; y cada una de estas capas es delicada, translúcida y permea el contenido de las otras capas que la envuelven y a las que envuelve. A lo largo de toda la novela, las voces, los recuerdos, las imágenes se pasan de un nivel narrativo a otro y lo que se enunció en un fragmento de literaria realidad, pasa luego a formar parte de la historia alguna escena del mundo onírico se manifiesta mas adelante en el plano que, dentro de la ficción, es el real. Todo en esta novela está armado alrededor de un mismo centro, y por eso no importa cómo están superpuestas las capas, sino que tejen una historia que tiene vasos comunicantes  on otras historias literarias y no hacia dentro y hacia fuera del libro; el resultado es sevoya en toda forma.



RECURSOS

Esta es la ficha de la autora, muy completa, en la Enciclopedia de la literatura en México:
www.elem.mx/autor/datos/1806 

  • De esta misma ficha, uno puede enlazar los audios que grabó para Descarga Cultura Unam,  donde lee algunos pasajes de la novela y que se recomiendan con mucho énfasis, para familiarizarse con el sonido dulce y arcaico del ladino.

También se puede escuchar la entrevista que le hace Sandra Lorenzano, en este programa de radio:
enbuscadelcuentoperdido.blogspot.mx/2013/02/142-miriam-moscona.html

Mi sonido más remoto. El discurso que leyó la autora cuando recibió el Premio Villaurrutia. Publicado en la Revista de la Universidad de México, Núm. 111, mayo de 2013:
www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=16&art=386&sec=Art%C3%ADculos

Aquí una reseña de Tela se sebosa,  en Letras Libres,  de Mauricio Montiel:
www.letraslibres.com/revista/libros/tela-de-seboya

Y aquí otra reseña, del periódico español La vanguardia
www.lavanguardia.com/cultura/20140506/54407624902/myriam-moscona-he-sonado-mucho-con-poder-dejar-una-mencion-del-ladino.html

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