DIABLO GUARDIÁN - Xavier Velasco

Libia Brenda Castro -

UN ESCRITOR A TODA VELOCIDAD

Es posible que lo más importante de la biografía de Xavier Velasco sea decir que adora a los perros, que escribe con pluma fuente y que se ha convertido en un escritor de tiempo completo y hábitos fijos, lo que no es tan obvio como podría parecer. Es posible, también, que lo mejor sea especificar que es chilango hasta las cachas y encima nació escorpión, eso en parte explica, si uno es afecto a ciertos enfoques, por qué Violetta es tan escorpiona como malhablada. También puede ser que nada de eso sea importante, pues un escritor será siempre un personaje para sus lectores. Un narrador es un personaje más del escritor, aunque no este? dibujado de manera concreta, pero el dios detrás del dios (perdónalos, Señor Borges, porque no saben lo que dicen) es una persona de carne y hueso que nunca sale de cuerpo entero en las fotos, las entrevistas ni las biografías –aunque sólo sea porque es ópticamente imposible–, pero, sobre todo, porque no hay forma de abarcar a alguien por completo en unos párrafos ni con una lista de preguntas; mucho menos si no se lo conoce de nada o se lo conoce poco, a través de papeles, pantallas y grabaciones que no dejan de ser el juego de espejos por el cual el escritor, es decir, la persona, se narra a sí mismo como si narrara a uno de sus inexistentes personajes, porque en cuanto algo se empieza a contar ya tiene toques de ficción, así sea en el confesionario. Por efecto de todos esos filtros uno ve so?lo el espejismo que se ha creado con los reflejos; de ahí que el autor acabe por ser inasible y entonces lo mejor es imaginarlo, como imagina los rostros de los personajes con nombre pero sin cuerpo que habitan los libros que llevan su firma.

También se puede decir que Xavier Velasco creció en San Ángel, al sur de la Ciudad de México, y parece que hasta la fecha vive ahí, pero dada la minuciosa descripción que hace de Nueva York (New York, diría la protagonista de esta novela), es posible especular, como se haría con un personaje, que si no ha vivido en esa ciudad, al menos la ha caminado a fondo, con los ojos bien abiertos y tal vez una libreta para tomar notas. Y así como conoce Nueva York, quizá Las Vegas y definitivamente la ciudad que “lo vio nacer” y también vio nacer a Violetta y a Pig, conoce el ansia, la prisa, el subidón y la adrenalina; lo que implica que está muy familiarizado con el bajón, los paliativos y las salidas para huir de un estado que, cuando deja de ser superdivertido, se convierte con facilidad en decadente. Todo esto se deduce también de que él mismo declara que necesita experimentar, si bien no todo lo que hacen sus personajes, al menos el estado más cercano posible. Así, lo más relevante de la vida de Xavier Velasco puede caber en una declaración: es un escritor vital, no sólo intelectual.

Hay una anécdota apócrifa: poco antes de la publicación del libro, cuando el premio ya había sido fallado, una editora que entonces trabajaba en Alfaguara decía algo parecido a esto: leer Diablo Guardián es como ir en coche, meterte una línea, poner a Iggy Pop a todo volumen y pisar a fondo el acelerador; por el ritmo de la novela, no le faltaba razón. Se dice, también, que al autor le tomó unos buenos diez años escribir el libro y se sabe que tuvo un mecenas, literalmente, un amigo suyo le prestó una suerte de renta mensual para que se encerrara a terminar el libro y lo mandara al concurso. En una entrevista más o menos reciente con Lee+, el propio Xavier dice que la mitad del premio se le fue en pagar deudas.

Historias como estas no se le endilgan a cualquiera, porque no cualquier las asume con gracia. Podría decirse que hay dos tipos de escritores, unos que comen a cucharaditas, tienen la espalda muy recta, ríen poco y lo ven todo con una ceja levantada; y otros que corren, saltan, devoran la vida a puños y cuando uno quiere tomarles una foto sale un manchón y luego tiene que correr detrás de sus carcajadas. Xavier Velasco pertenece al segundo grupo, para fortuna de todos sus lectores.



UBICACIÓN BIBLIOGRÁFICA Y DATOS CURIOSOS

Cuando le dieron el Premio Alfaguara a Xavier Velasco, hace maás de diez años, en los periódicos se destacaba su condición de autor desconocido, se decía que era un descubrimiento de la editorial, se hacía énfasis en la mezcla de español con inglés en el lenguaje de Violetta, y una de las integrantes del jurado calificó de novedoso que Violetta caminara al ritmo de rock y no de cumbia, como si una personaje mexicana (nacida en los setenta) tuviera que construirse por fuerza con música latina y no pudiera estar, a sus veintitantos, clavada con el grunge, el post punk y lo que todavía damos en llamar rock. Es curioso, a simple vista estas observaciones podrían parecer muy obvias en tiempos recientes; tal vez en el año de 2003 no lo eran tanto. Ahora el autor está lejos de ser un desconocido y a nadie le extraña que alguien prefiera escuchar una banda inglesa antes que la producción folclórica nacional, pero es una paradoja llamativa que en cierta literatura mexicana con aires oficiales, estos rasgos no eran (quizá no son) comunes ni los más obvios. Lo más interesante y tal vez lo más atinado fue lo que dijo Alberto Fuguet, parte del jurado de aquel premio: “Es el triunfo de una nueva estética. Es Desayuno en Tiffany’s en clave trash. Es antirrealismo mágico, una novela muy cómica escrita a los acordes de Iggy Pop y Siouxsie and The Banshees. Un esperpento en la frontera”.

De la novela se ha dicho que pertenece a la tradición picaresca, y sí, pero también está muy cerca del esperpento (como dice Fuguet), ese espejo magnífico que Valle-Inclán eligió para reflejar, no sin humor, una cara monstruosa de la realidad. Aunque en ese sentido esta novela no pertenece a una corriente específica de la literatura mexicana o de la literatura latinoamericana, ni tampoco era esa la intención del autor. Enrique Serna explica, en un texto publicado en Letras Libres el mismo año de la publicación de la novela, lo siguiente:

La muchacha trepadora de clase media es un tipo social que reaparece con obsesiva frecuencia en la narrativa mexicana de los últimos tiempos. Con mayor o menor fortuna, varias generaciones de novelistas hemos retratado a este personaje de la picaresca nacional, ya sea con fines satíricos, antropológicos, o por malsana curiosidad, como los niños que descuartizan una muñeca para ver si tiene algo dentro.

[Ver enlace en la sección de recursos]

Pero si Velasco está emparentado con escritores mexicanos, no es con los que escriben con gravedad; tampoco usa la misma clave que Ibarguengoitia (ese maravilloso monstruo que retrató la clase media, la izquierda trasnochada y la clase intelectual), que es el primer ejemplo que a todo mundo le viene a la cabeza cuando se dice habla de irreverencia o de humor; en todo caso, se parece más al sarcasmo negro del propio Serna (lo que está muy bien, hay que defender la variedad). Y, si hay que encontrarle un antecesor directo, podría decirse que Diablo Guardián es sobrino de Si te lleva el diablo, que te lleve en cadillac, una novela muy poco conocida de Jesús Camacho Morelos, en la que un padre de familia de clase media (casi el epítome de la clase media) decide reventar las tarjetas de crédito y sumirse en lo más profundo de un pozo de deudas, porque el sistema le permite la ilusión de que puede gastar un dinero que no tiene (hay un pasaje vacacional con langosta incluida, otro epítome de las costumbres aspiracionales de la clase media, que no tiene desperdicio); el título lo dice todo y a Violetta le hubiera venido bien ese mismo principio, sólo que a ella no le gustan los carros sobrios, como el cadillac, sino llamativos y ostentosos, así que a ella el diablo se la tenía que llevar en un corvette amarillo.

La literatura es forma y, por muy buenas ideas que se tengan, si no están bien contadas sirven para muy poco. Diablo Guardián narra a una velocidad y con un ritmo que lleva al lector como de un anillo con el que le hubiera perforado la nariz, y allá va uno, como buey de aguas, detrás de esa voz que es tan auto?noma como única. Y aunque existe la mala costumbre (de la academia o la crítica) de insistir en que todo tenga una etiqueta: cada mariposa literaria con un alfiler, muerta, pinchada en una tabla forrada de terciopelo (¿o de ciertopelo?), Violetta se encarga de sacar la novela de cualquier cajón y la echa a andar por sí misma, ante los lectores, que a fin de cuentas son los que ponen las obras en su lugar.


DISCUSIÓN DE LA OBRA

Si no se toma en cuenta la introducción, esa primerísima aparición de la protagonista, que inicia con un: “No lo puedo creer”, la novela empieza en el cementerio y termina en la calle, a bordo de un coche, con Siouxsie cantando una canción de Iggy Pop, la misma que la protagonista adopta como mantra personal. Por lo tanto empieza y termina con Pig, como una manera de allanar el camino, de entrada y de salida, porque de otro modo sería como ir de cero a cien kilómetros en un segundo y ¿no es con un método semejante que se anula la gravedad? El narrador sabe que necesitamos un piso, pues vamos a correr en cuanto nos pegue de frente la voz resonante de Violetta. Pig funciona como asidero, contrapunto y espejo de la doctora R. Schmidt. ¿Cómo veríamos a este personaje, coprotagonista, cómplice y contrapeso, si no fuera en el marco de Violetta?, ¿sería la misma historia de Pig si no estuviera entrelazada con la de una mujer que parece ser exactamente su opuesto? Ya en ese terreno, podría decirse que entre ambos forman el yin y el yang, nada más que el yang le pertenece a ella, contra todo pronóstico metafísico, porque a Pig le falta fuego para moverse a la misma velocidad y hacer todo lo que ella hace.

Violetta y Pig se parecen en muchas cosas; ella dice que en lo tramposos, pero no nada más. Los dos están solos, o más bien colmados de soledad. ¿No abandonó Rosalba o Rosa del Alba a su familia y renegó de ellos todo el tiempo que estuvo en Nueva York?, incluso de regreso en la misma ciudad y en su misma casa, sigue renegando de sus padres pránganas, de sus hermanos que no figuran siquiera, del origen que considera rascuache y de su destino desconocido. Y Pig, ¿no decidió acorazarse detrás de su orfandad?, le cerró la puerta a su abuela y luego la dejó morir sola, nada más para darse el (mal) gusto de sufrir por estar dejado de la mano de dios. Los dos son personajes atormentados por el rechazo de su circunstancia (este par haría que Ortega y Gasset se pusiera morado). Consecuentemente, se puede decir que no tienen raíces o son entes desapegados. Rosa del Alba creció en una familia que niega y esconde su origen (a eso contribuye su elección musical, parca extranjera, punketa), que aspira a ser lo que no es y para eso todos se repintan las raíces del pelo cada domingo. Y Pig se ha encargado de esconder las que le pertenecen al tiempo que esconde también la ausencia de sus padres y la falta de asidero que ésta representa.

El egoísmo de Pig, que apuntala con el resentimiento de la orfandad y el azoro del aislamiento se puede poner al mismo nivel que el egoísmo de Violetta, que ella alimenta con rencor, complejo de clase y un arribismo difícil de superar. Pero ese egoísmo, visto ya que ha pasado el deslumbramiento de la prosa rápida, la emoción de las frases como lemas y la sorpresa ante el arrojo de los personajes (porque los dos hacen durante su primera juventud cosas que cualquier madre de familia de medio pelo consideraría indecentísimas), deja ver una soledad que también deslumbra. Ninguno de los dos ha hecho contacto con otra gente, no verdadero contacto humano, porque están enconchados, como cangrejos ermitaños, y cuando una cáscara les queda pequen?a, buscan otra que les acomode mejor. Ella se medio enamora, pero el enamoramiento le dura poco; y cuando ve que el novio en turno la empieza a cansar, o ya casi le estorba, sencillamente lo echa a patadas. ¿No es ese un mecanismo de defensa?, si nadie se acerca a ti, nadie te puede lastimar. La estrategia más conveniente es, entonces, mantener a todos a distancia. Hasta que llega alguien que no hace caso de las barreras y las brinca o las rompe, las traspasa con los ojos –como les sucedió a los dos en este caso– o las desdeña.

Violetta es veloz, tiene razón cuando dice que es como una bola rápida que necesita control, y no menos razón cuando dice que necesita que la quieran: Iggy Pop dio en el clavo. Ella va a ritmo de “The Passenger”, pero en el fondo se identifica con “Isolation” y, más que control, necesita amor, no desde una perspectiva cursi o superficial, sino en el sentido más humano. ¿Se dio cuenta de que Pig era el indicado para subsanar esa falta mayor? Parece que sí, por lo que ella misma dice. ¿Pig sabía o intuía que ella lo necesitaba tanto? Quizá no, porque además de ser mucho más lento que Violetta, no es tan experto en usar a la gente después de descubrir de qué pata cojean.

Es precisamente porque Violetta va más rápido que Pig, hasta en la narración, que los lectores atendemos al desarrollo del romance con trazos rápidos, mucho antes de que Pig llegue a contar que cayó en el abismo de sus ojos. Violetta suelta pistas, armada con una segunda persona que los críticos no parecen ponderar, pero que funciona de manera muy efectiva para que el ritmo se mantenga en una velocidad más alta de lo usual en cualquier novela, y va soltando piedras para que sigamos el camino; habla de escenas, momentos, breves instantes de cuando ella y Pig estuvieron juntos. Su relación (si era eso) es una sucesión de fotografías tomadas en diferentes momentos y regadas a lo largo del libro. El vértigo de la novela nos hace creer que no le seguimos el paso, pero no es cierto: para cuando Pig ya está instalado en la agencia de publicidad, después del famoso mes de prueba, tenemos casi todas las piezas del rompecabezas, gracias a que en la velocidad y aparente desorden de las cintas de Violetta, venía buena parte del dibujo y de allí fue que empezamos a poner las esquinas y a armar las orillas. Pig es más lento, ¿más contemplativo?, en apariencia menos interesante, porque es menos estridente, pero es necesario para el equilibrio de la narración. El paralelismo entre los dos personajes no es siempre evidente, pero cuando Violetta, que conforme se acerca al final se va descarnando más y, al mismo tiempo, humanizando, acaso feminizando más (dentro de un marco un poco limitado de mirada masculina, ni modo), le cuenta de su emoción cuando vio la primera línea de su rap “Mírame bien, no soy Supermán”, el lector acaba por recibir un golpecito y las fichas de dominó empiezan a caer en secuencia.

Si, pongamos por caso, un ángel es mi ángel de la guarda, ¿qué soy yo para el ángel?, ¿su ahijada, su protegida, su entenada? Pig es el Diablo Guardián de Violetta, pero ¿que? es ella para él? Según la nomenclatura adoptada por ambos, ella no es una criatura sobrenatural, sino terrena; a diferencia de él, que tiene hasta el poder de decidir sobre los muertos. Pig es el único que conoce a Violetta, de toda la gente con la que ella se ha topado y, si le creemos, el único que conoce su historia tal como pasó, es el único que acaba con su vida, para tenderle la mano, suponemos, y ayudarla a llegar a una vida nueva. ¿No quiere decir esto que ella saltó y se puso en sus manos? “Salta, Violetta”, le decía su madre, se decía ella a sí misma y aquí dio el salto mayor, no sólo le confió el total de sus pecados y sus penitencias a su Diablo Guardián, le pidió que la salvara de su Mefistófeles personal, ese sí rascuache, ese sí chafa y jodido.

Al final Pig resultó ser su salvador porque le ayudó a morir y no hay que perder de vista que, por mucho que ella lleve la voz cantante, nunca mejor dicho, el libro lleva por título Diablo Guardián y ningún otro. Porque sin el equilibrio del personaje “con cara de huérfano masturbado”, lo de Violetta hubiera sido una ristra de anécdotas desbocadas y un paradójico callejón literario sin salida, en el que hubiéramos entrado a toda velocidad, para luego salir mareados, sin saber bien por qué habíamos entrado en primer lugar. Con todo y que el contraste entre ambas voces a veces resulta un poco difícil de digerir.

A los lectores, Violetta R. Schmidt les puede parecer odiosa, o atractiva, o irreal, o todas las anteriores, pero una cosa es cierta: la novela está llena de humor. Se habla mucho de la solemnidad en la literatura mexicana, y en general es cierto que todavía cargamos una suerte de corset que indica que toda literatura debe ser seria, debe tener tono grave y debe ocuparse de las grandes y trascendentes cosas de la vida, en parte por eso la literatura fantástica y la que se escribe para lectores jóvenes o para niños es vista con cierto desdén. Pero Xavier Velasco no sólo escribe con humor, se arriesga a escribir con ácido corrosivo y además de que nos lo echa encima nos hace reír, incluso contra nuestra propia voluntad. “No te rías, pendejo, esto es horrible”, dice la repatriada Violetta cuando matan al comandante Pitocorto, pero nosotros ya nos habíamos reído, ni modo. ¿No resulta eso una virtud?: la novela crea el espacio idóneo para que nos den risa nuestros más percudidos defectos, y como parece que nos reímos con ella y no de nadie, se nos perdona el placer de reírnos del prójimo, porque eso sí es de mal gusto. Aunque la novela también muerde, como su protagonista, da de latigazos a los lectores, para que no se confíen entre el humor y el desparpajo y no se olviden de que la historia es muy sórdida, pues ¿quién no percibe lo refrescante que resulta una novela en clave políticamente incorrecta? Justo ahora, cuando tenemos que fijarnos muy bien si evitamos decir gordo porque está mal visto o porque en verdad hay que descolonizar nuestra mente de menospreciar al prójimo, ¿no resulta un alivio poderse reír de todos los insultos que se profieren en contra de todas las clases sociales, de todos los gustos, de todas las aspiraciones? En esta novela no queda títere con cabeza y Violetta, luego de echar bilis de todos los prójimos, echa bilis sobre sí misma, porque también sabe que no es ella la que puede tirar la primera piedra.

En Diablo Guardián los contrastes no están en el terreno de lo fácil y lo obvio –como usar tlahuica y coatlicue a manera de insultos clasistas cargados de rabia–, están en un terreno menos superficial, en el que la protagonista desprecia a su prójimo, pero hace exactamente lo que dice que no se debe hacer, y ¿no hacemos todos nosotros eso mismo, cuando nos damos baños de pureza, nos sentimos superiores a la señora que lava los pisos o vemos a alguien arrugando la nariz porque trae una prenda de ropa que consideramos corriente? ¿No le agradecemos al autor el vehículo del que nos provee para que nos identifiquemos con quien mejor nos parezca?, ¿no está corriendo el riesgo de que nuestra buena conciencia nos haga dejar el libro, en medio del escándalo? Si logramos reírnos de las leperadas de la adolescente tránsfuga —y por leperadas no se implican los pinche, puta o chingados, sino el increíble desprecio con el que trata a todo el mundo, empezando por sí misma—, nos convertimos en sus cómplices. Y si el lector hace su trabajo y el escritor hizo bien el suyo, eso nos compromete. ¿No nos rebajamos, según los parámetros de esa clase media que tanta roncha les saca a todos los habitantes de esta novela, cuando nos reímos de las desgracias ajenas o de los chistes de pésimo gusto? ¿No estamos aceptando tácitamente el código que nos ponen Rosa del Alba, Pig, el mismo Nefastófeles, y lo estamos reproduciendo cuando celebramos sus ocurrencias?

Enrique Serna (otro escritor ya aposentado en la literatura sardónica de este país) habla de Violetta como parte de la cofradía de muchachitas trepadoras de clase media, pero no dice que Violetta encarna el mejor ejemplo del dicho que dice que el pez por su boca muere. Se pone el nombre falso o apócrifo que le da su madre y lo adopta, miente que se llama de ese modo, porque no tiene suficiente imaginación para crear otro por sí misma. Detesta el carácter aspiracional de su familia, pero adopta sus aspiraciones y, aunque hay que reconocerle la valentía de vivir en la práctica todo lo que su familia solamente soñaba, los sueños que vive no son precisamente suyos, son heredados o prestados o puede que también robados, porque sigue exactamente el modelito marcado por sus papás, sólo que después de brincarse la barda que tiene el letrero de peligro. Su familia es horrible, pero ¿ella es mejor, en relación con ellos? Y no tiene que ver con su oficio, mal asumido, pero bien ejercido, sino con el hecho de que, al nivel que Violetta juega, ni siquiera ella se da cuenta de cuándo sus mentiras ya fueron más rápido, le ganaron el lugar y le prepararon la bienvenida. Finge que está tan convencida de que es mejor que toda su familia junta, que se tropieza con su propia lengua o con su propia cola: pelo falso, identidad falsa, nombre falso, papeles falsos, vida cotidiana precaria y aspiraciones falsas. Solamente es ella misma cuando esta? muerta de miedo, cuando se ríe de algo que en verdad le hace gracia o cuando cree que nadie la ve, y a veces ni entonces.

¿Qué se obtiene de combinar Rosalba con Violetta?: Rosetta. Como la piedra que le dio a Occidente la llave para descifrar los jeroglíficos egipcios. ¿Puede ser que la personaje se convirtiera en su propia llave para descifrar un código también impuesto por ella?, si es así, la clave la tiene su diablo, y todo parece indicar que hizo buen uso de ella, se portó a la altura de las circunstancias, como buen guardián o salvador. Al final, ambos tenían razón en confiar uno en el otro, ellos que estaban tan habituados a no confiar ni en sí mismos.

¿Es Diablo Guardián una historia de amor? No lo parece. Es probable que no lo sea, porque es más bien la historia detallada de una soledad, la historia no tan detallada de otra soledad, y la historia del puente que tuvieron que cruzar para encontrarse. ¿Qué es lo que dice el narrador acerca de la primera persona del plural?, ¿y qué es lo que dice Violetta de ese mismo nosotros? ¿Cuál es el resultado de que, después de la muerte, que anula la primera persona, haya otro yo suelto por ahí, a punto de encontrarse con un tú o con otro yo? ¿Acabarán por volverse nosotros


PREGUNTAS 

  • ¿Cuál es la primera mención de Violetta a que está grabando unas cintas?, ¿sabemos qué es lo que está haciendo desde el principio?
  • ¿En qué momento uno se da cuenta de que Pig y el Diablo Guardián son la misma persona? 
  • ¿Es la novela que estamos leyendo la supuesta novela que Pig escribió o escribirá o escribiría, si sigue las instrucciones de la voz en los casetes? 
  • Hay un soundtrack en algunos libros. Para Diablo Guardián hay que escuchar a Iggy Pop, a Siouxsie and the Banshees, a David Bowie, pero ¿qué otras referencias musicales hay en el libro?, se mencionan varias. Y ¿cuál sería el soundtrack de Pig?, además de lo que escuchaba el Sapo (y que podemos pensar que le contagió), ¿qué música escucha él que sea emblemática? 
  • ¿Hay algún personaje virtuoso?, es decir, ¿alguien se salva, de todos los que aquí actúan?
  • ¿La novela funciona como un retrato fiel de la sociedad o sólo de ciertos sectores de la sociedad? 
  • ¿En que momento, Violeta se da cuenta de que puede independizarse de su familia? ¿No resulta ese un rasgo de autonomía? (Por muy transgresor que sea.) 
  • ¿Cómo funciona el detector de Faulkner para Pig cuando es muy joven? ¿Y después, cuando deja de funcionar, qué lo desactiva? 
  • ¿Es posible tomar partido entre los padres de Rosa del Alba y ella misma?, ¿fue una buena idea que ella decidiera adoptar otro nombre, incluso en un acta de nacimiento que nunca usa? 
  • ¿Las muletillas de Violetta (sonoras y muy reconocibles en el habla oral), son creíbles?, ¿con qué tono de voz ella podría decir “¿ajá?”?
    Y ese “ajá” ¿no es semejante al “you know”? ¿Tiene en la conversación en español un efecto similar? 
  • ¿Es posible que en: “Ese día aprendí cuál es la hora de los inocentes: las seis de la mañana. Es como si de pronto el mundo se estuviera dando cuerda”, se haga alusión a la novela de Murakami? 
  • ¿Por qué a Violetta le preocupa tanto huir de lo que considera naco y rascuache?, ¿qué es lo que más la impulsa, el hedonismo, el complejo de clase, el resentimiento social, el puro instinto de supervivencia? 
  • ¿Qué quiere decir un pasaje como este?: “Pig tendríaa que aclarar que se trataba de un vértigo inducido, como cuando de niño se ahorcaba con el cinturón y entraba dando tumbos a la recámara de Mamita”.
  • ¿Sabemos todo de Pig, así como sabemos todo de Violetta?  ¿Cuál es su nombre mundano o real? 
  • ¿Qué pasa con la casa cuando ya entra en la agencia de publicidad, la habrá la habrá amueblado?
  • ¿En qué radican las mayores diferencias cuando el narrador habla de Pig y Violetta habla de sí misma? 
  • ¿Es posible reconstruir a Violetta a partir de la descripción de Pig?, ¿qué descubrimos de ella cuando él la ve por primera vez?  ¿Cambia eso nuestra perspectiva sobre el personaje, la vemos diferente, la imaginamos con otro rostro paseándose por Saks? 
  • ¿Por qué Pig piensa que acercarse a Violetta o decirle algo que parece agradable es como querer cargar a un  gato callejero? 
  • ¿De quien habla Violetta en esta descripción?: “Yo diría que salió de abajo de la mesa, como una puta jerga inoportuna. Y ni modo que con el nivelazo que traía fuera a ponerme en guardia la honorable presencia de un pinche trapeador”. 
  • ¿Cuál sería la mayor virtud de Violetta?, no entendida del modo tradicional, sino su mayor acierto, su mejor  rasgo de carácter. 
  • ¿Cuál es el termómetro de Violetta para el buen o el mal gusto? ¿Ella cree que sí tiene buen gusto?, ¿se da cuenta de todas las veces que se contradice cuando habla del resto del mundo en términos de menosprecio?, ¿no demuestra que ella misma se menosprecia a cada momento? 
  • ¿Cuál puede ser el destino de Violetta luego de su falsa muerte? ¿Y el destino de Pig? 
  • Al final del libro, ¿qué quiere decir que después de tirar el osito rosa, veamos que se encienden los fanales de un corvette amarillo? 


CONCLUSIÓN 

Lo más destacable de la novela es el manejo del lenguaje. Esto parece una perogrullada, sobre todo después de haber leído el libro con detenimiento, pero no lo es. La urdimbre de la prosa está tan bien hecha, que no se nota el tejido. La mezcla de español, inglés, lenguaje coloquial, lenguaje literario, muletillas sonoras, palabras altisonantes, juegos fonológicos, juegos de ideas, juegos de palabras, neologismos propios y reflexiones literarias acaba por jugar en varios niveles de la lengua, porque no es lo mismo escribir: “Así era la amenaza: Te juro que te aviento al diablo sin calzones, pueblerina ofrecida muerta de hambre. Guacareando cagada del berrinche, you know. Total que lo tranquilicé, le dije que nos veíamos a la una y prometió que me iba a llevar unos gramos”; que escribir: “En términos gramaticales, el desplazamiento de la primera persona del singular significa el inevitable encogimiento de la primera del plural”, y ponerlo todo en la misma novela de tal forma que sea parte un solo cuerpo literario armónico. 

En realidad, lo más impresionante de Violetta no es lo que hace, ni cómo lo hace, lo más impresionante es su voz, cómo suena, cómo resuena lo que cuenta. En resumen, cómo lo cuenta. Una cosa es cierta, Diablo Guardián cumple con una característica que Julio Cortázar perseguía y dominó a la perfección en su literatura: la novela tiene mucho swing. La voz de la protagonista tiene ritmo, cadencia, la podemos escuchar, reconocer, somos poseedores, vía impresa, de todas esas cintas que le grabó a Pig y podemos escucharlas cuando queramos, cuantas veces queramos, con sólo pasear los ojos por un párrafo. Lo que es todavía mejor y aun más escaso: tiene su propio swing. Por eso es que nos jala esa voz, porque nos jala el estilo, nos seduce el tejido de palabras, nos envuelve y nos lleva a donde quiere. 

Luego está el armado de los personajes y sus entretelas, Violetta reniega de todo lo que proviene de su familia, pero demuestra durante quinientas páginas que aprendió absolutamente todas sus lecciones, las perfeccionó y las puso en práctica. La mayor diferencia entre Rosa del Alba y su familia radica en que a ella sí le alcanzó la valentía, el ingenio, para vivir esa vida de ensueño, mientras que ellos se quedan a salvo en su clase media, su mezquindad, sus mentiras mediocres. No que su comportamiento sea para imitarse, ni siquiera que sea digno de elogio, pero hay que reconocer que se necesita presencia de ánimo, por no decir ovarios, para largarse al extranjero con más de cien mil dólares robados, nada más por algo que parece capricho. 

La novela es larga, es verdad. Y de sus dos mitades, digamos, la primera es la más ligera y la segunda, la más sombría. Cuando Rosa del Alba se convierte en Violetta Rosalba Schmidt Rosas-Valdivia y empieza a vestirse de novia, a llevar cámara y a salir del pastel, las cosas se vuelven más sórdidas, porque ella se empieza a involucrar en asuntos más turbios; con todo y que le parecía que lo más bajo era ser pacheca y estar de falsa ejecutiva. No es lo mismo ir al lobby de un hotel de varias estrellas y exprimir a un ejecutivo de paso, que ir a dar a un cuartel de judas y acabar ensangrentada, con el miembro de un recién asesinado todavía adentro. Pero a la anécdota central no le sobran pasajes; algo que quizá puede reprochársele al narrador es haberse permitido el regodeo en las inseguridades de Pig y algunos pasajes que no quedan del todo bien atados a lo largo de la trama. Tal vez el único detalle precipitado sea el del cadáver de Violetta, que en realidad no aparece nunca, pero es imposible que ella lo cuente, porque ya no está, se acabaron las cintas y se terminó el vértigo. 

Tal vez por fortuna, en un despliegue de profunda magia escorpiónica, Violetta debe morir para renacer. No vemos su renacimiento, porque más de quinientas páginas después, está muy bien detenerse y salir a caminar o ver alguna película, luego de haber pasado días enteros correteando a dos personajes que caminan con pasos tan distintos. La posible continuación de la novela no la veremos nunca porque en este libro sólo se cuenta cómo fue que Violetta existió, la que venga después, dos millones de dólares incluidos, es otra y no existe. Si hacemos una lectura muy romántica (tal vez muy cursi, y aquí sí una cosa podría confundirse con la otra), podemos pensar que el amor, también cualquier cosa que eso sea, salvó a los dos personajes del vacío y el olvido, los volvió humanos y les dio una salida. ¿Por qué el amor?, porque era algo nuevo para ambos, al mismo nivel, y porque lo encontraron en conjunto cuando se volvieron cómplices; porque no lo habían experimentado antes y, mediante el milagro de la resurrección, no tendrían por qué tener nada en contra, nada más que ellos mismos. Además, la vida que se habían construido en los años anteriores era tan endeble, que la única salida posible era que se fueran juntos a ver cómo se gastaban ese dineral. Y de acuerdo con las reglas de los juegos de ambos, no había nada que se pareciera más a la felicidad. 

El entramado de la historia, por otro lado, es de una manufactura muy inteligente: ya se dijo que Pig funciona como contrapeso para Violetta, pero no sólo eso, la estructura de la novela no es lineal, pero no se nota tanto porque está llevada como si lo fuera. Empieza por el final, salta en la relación de los dos protagonistas, está llena de cabos que se atan antes o después, pero a su propio arbitrio y acaba resolviendo los planteamientos importantes: todas las puertas que se abrieron, se cierran y cerrarlas en un desorden aparente puede ser incluso más complicado que cerrarlas en el mismo orden que se fueron abriendo. Violetta podría cantar a Charly García: no va en tren, va en avión, y en su rapidez nos lleva a ver el beso con un bocado a medio masticar para luego regresarnos a New York, cuando la boca llena de arroces en su escote sucede en sus veintitantos, mientras que las primeras incursiones en Nueva York, en sus dieciséis. Y así sucesivamente. Y la ventaja es que es una de varias formas para mantener el interés de los lectores, para llegar al final de la novela hace falta curiosidad, voluntad, sí, pero sobre todo ganas de armar el rompecabezas completo. Hasta que volvemos a la cripta Macotela (que no nos importa más de lo que le importa al voyerista instalado en ella), y vemos que Pig se lleva el osito, el casete, llora, se va hacia el sur de la ciudad y casi no se entera de que lo viene siguiendo un corvette amarillo. A Pig sólo le queda, como en la misma canción de Charly García, levantar las sillas, cerrar y apagar la luz. 



OBRAS DERIVADAS 

Se supone que harán una serie de televisión. Incluso, en 2013, ya se hablaba de que la iba a protagonizar Martha Higareda. El mismo Xavier ha declarado que no iba a intervenir con el guion ni con la adaptación, en una política que se ciñe al conocido zapatero a tus zapatos. Pero no hay noticia de que se haya concluido el proyecto, ni de que se haya detenido. Podría especularse que sigue adelante y podemos esperar su pronto lanzamiento. 



RECURSOS 

  • El sitio oficial de Xavier Velasco
    [http://xaviervelasco.com/blog/] 

Nota curiosa: el autor tenía un sitio que se encargaba de codificar personalmente, www.fullmoontonic.com, pero al parecer una empresa oriental se apoderó del dominio y ahora, cuando uno da clic en el enlace, ve aparecer ristras de ideogramas. En la entrada del 5 de diciembre de 2012 se lee en la primera línea: 

Muda ke no jiko shori ni wa jiyu?na jikan ni okonaeru to iu meritto ga arimasu.   

Según el traductor de Google, en japonés esto quiere decir lo que, en regular español y según el mismo sitio, viene a ser: 

“El vello no deseado de autotratamiento existe la ventaja de que se puede llevar a cabo en el tiempo libre [sic].” 

Lo cual lleva a pensar que es un sitio de depilación (Sherlock estaría orgulloso). 


  • Cuenta de Twitter:
    @XavierVelasc0 
  • Cuenta de Instagram:
    [https://www.instagram.com/equisvelasco/] 
  • “Pronóstico del Clímax”, la columna de Xavier Velasco en el periódico Milenio:
    [http://www.milenio.com/firmas/xavier_velasco_pronosticodelclimax/]
  • Aquí se puede escuchar (o descargar) la lectura en voz alta que hace el autor de la primera parte de su novela Éste que ves, publicada por Alfaguara en 2009 y que tiene, según sus propias declaraciones, componentes autobiográficos:
    [http://descargacultura.unam.mx/app1?sharedItem=7246] 
  • Para saber más sobre la historia de cómo se escribió el libro, se puede leer la edición conmemorativa en la que se incluye un texto del propio autor en el que cuenta la historia real de la mujer que se convirtió en la Violetta literaria. Al respecto hay dos enlaces de interés: 

  • En este [http://www.lestraslibres.com/revista/letrillas/la-coatlicue-de-saks] se puede leer el texto de Enrique Serna, “La Coatlicue de Saks” (citado arriba), que funge como prólogo a la edición conmemorativa. 
  • Y en este otro: [http://www.elboomeran.com/video/133/xavier-velasco/] se puede ver una entrevista que le hizo Silvia Lemus al autor, cuando le acababan de dar el premio. Es muy interesante, porque es una entrevista honesta, de respuestas precisas, que se toma su tiempo para reflexionar sobre la vida moderna, sus lecturas, sus opiniones sobre el uso del lenguaje. 
  • Y aquí se encuentran las fichas de los otros libros publicados por Xavier Velasco en Penguin Random House: [http://www.prisaediciones.com/us/autor/xavier-velasco-4/]

Comenta - DIABLO GUARDIÁN - Xavier Velasco

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